Hacia el solsonés …

Situada en la provincia de Lérida, la región de las mil masías, es un espectáculo de la naturaleza. La carretera transcurre entre la montaña prepirenaica y los valles decorados  con los pantanos de aguas azules turquesas y todo ello acompañado de gran cantidad de masías,  algunas de las cuales son bellos ejemplos de las construcciones características de la Cataluña rural de los siglos XV al XVIII. Si a esto se le suma la escasez  de poblaciones, esta región en un lugar perfecto para desconectar y entrar en  contacto con la naturaleza en su estado más puro.

Con apenas quince municipios y con sólo seis núcleos de población la región muestra algunas joyas difícil de pasar por alto.
La capital de la región es Solsona, ciudad de la que se conoce desde el siglo X cuando se creó a los pies del castillo y del monasterio. La antigua Selisona, fue creciendo por lo que se crearon las primeras murallas ya en el siglo XI, las cuales, fueron sustituidas en el siglo XIV y de las que hoy todavía se pueden ver restos de las mismas. El acceso a la antigua ciudad se puede realizar a través de una de sus tres puertas, Llobera, la del castillo o la del puente. 

El casco antiguo es una auténtica delicia, sus pequeñas callejuelas adoquinadas y sus casas empedradas evocan el pasado, no es de extrañar que este protegido como Bien cultural de interés nacional. Su gótica catedral, levantada sobre una primitiva iglesia románica, sirve de hogar a la patrona de la localidad, la Virgen del Claustro, escultura que data del siglo XII, a ella se le atribuye el fin de la epidemia de la peste en la ciudad. 

Al lado se encuentra el actual Palacio Episcopal construido sobre un antiguo monasterio en el siglo XVIII. Paseando por la calle Llobera se puede hacer un curso sobre las casas señoriales del siglo XVIII. Pero como siempre nada como hablar con los lugareños para que te expliquen que estas casas son doble de ancho, es decir, comienzan en la calle pero finalizan en las murallas, y esto era porque se duplicaban todos los habitáculos con el fin de tener el mismo número de habitaciones en los dos extremos para que en verano se hiciera la vida dentro del casco antiguo que era más fresco, y en invierno se hicieran al lado contrario para beneficiarse del sol.  En la época de Carnaval, gran fiesta de la localidad, los gigantes y cabezudos recorren las calles revolucionando Plazas como la Mayor, caracterizada por los porches de las casas o la de San Juan, donde antes se decapitaba a los condenados y hoy en día  es otro de los sitios donde los gigantes golpean con sus manos de tela y sus brazos articulados para despertar el terror de los niños los cuales evocan a las tallas de demonios situadas en las vigas de las casas de numerosas calles con el fin de ahuyentar los malos espíritus. Esta plaza me encantó, tiene una fuente en medio de la misma sobre la que se ubica la capilla de San Juan  y donde se puede leer un poema de Josep María de Sagarra dedicado a este entrañable lugar. 
Cerca de la plaza se encuentra la Torre de las horas; en la antigüedad alertaba de incendios o amenazas militares y hoy en día sirve además de reloj, como lugar donde se ubica en la semana de Carnaval un asno de cartón, para simbolizar una antigua leyenda de la localidad. 
En esta bonita y pequeña localidad medieval, se pueden ver otros lugares emblemáticos como la Poza de hielo, almacén subterráneo que se utilizaba para guardar el hielo en invierno y venderlo en bloques durante el verano. El Palacio Llobera construidos a principios del siglo XV, la casa donde nació Francesc Ribalta , el ayuntamiento construido en el siglo XVI y donde se encuentra el escudo de la ciudad, el antiguo lavadero, etc. 

Para acceder al punto más alto de la comarca, la cordillera prepirenaica del Port del Compte, se atraviesan otras  sierras como la de Odén, del Verd o Busa. Si se coge como punto de partida Solsona se puede acceder por varias carreteras, costará decidirse porque todas son preciosas con lo cual al final no queda otra que quedarse en la comarca más tiempo del que al principio se tenía planificado e intentar rodar por el máximo de ella. La carretera que serpentea las montañas devuelve un paisaje deslumbrante. Si se atraviesa por la C-462 te acompañan unas vistas espectaculares al pantano de la Llosa del Cavall, este  paisaje es  de anuncio, pero además nunca mejor dicho, ya que aquí se graban muchos anuncios de coches.
Otra opción es subir por la LV-4241 atravesando los bonitos bosques de pinos coronados por el gran castillo de Lladurs e iglesias como Santa María o Santa Eulalia de Timoneda. 
Al norte predominan los estratos calcáreos duros que se puede ver claramente cuando se recorre el río llamado la Ribera Salada, que nace al norte de la comarca y desemboca en el río Segre. Desde Solsona, se accede por la C-26 hasta el desvío donde se llega el Puente del Clop, que es el punto donde la carretera atraviesa el curso de agua. Si se sigue hacia el norte, las curvas del agua te llevan por una carretera serpenteante donde aparecen grandes piedras, gargantas, un pequeño desfiladero, etc. 


Si seguimos ascendiendo por esta zona encontramos Cambrils, pequeño pueblo escondido en la montaña donde el silencio sólo desaparece cuando algún motero perdido para a desayunar en Casa Agustí. En la localidad no hay que perderse las iglesias de San Sadurní y la de Santa Eulalia pero yo reconozco que lo que más me gustó fueron esas historias de brujas y hechiceras que me contaron unas señoras mayores cuando volvían de su paseo matinal.  A pocos Kilómetros se encuentra Odén, se encuentran las “Salines de Cambrils” ejemplo de actividad productiva desarrollada en la montaña y donde hoy se puede disfrutar de una balsa de agua salada donde se permite desintoxicar y remineralizar la piel y el cuerpo. 
Continuando hacia Montnoy la carretera se estrecha y el asfalto empieza a empeorar hasta que a acabas en una pista que te lleva hasta de Jou, desde donde se pueden elegir varias opciones para proseguir hacia estación de esquí.  A partir de aquí el paisaje se entremezcla con casas tradicionales de madera donde las flores son una parte más del decorado.

Se puede acceder hasta el punto más alto para luego descender por la C-4012 y así atravesar los municipios de La Coma la Pedra para llegar a Sant LLorenç de Morunya que es el centro turístico de la zona, ya que además de su precioso enclave mantiene su estructura medieval formada por un recinto amurallado con cuatro puertas de acceso. Lo más destaco es su iglesia románica ya que conserva  pinturas murales del siglo XIV. 

4 Comentarios

  1. José Manuel Contestar

    Unos lugares increíbles ,es para perderse y pasear por sus rincones llenos de historia,.nos muestras como son sus gentes sus fiestas y su historia sin contar el trazado de sus carreteras que para un motero como yo es de agradecer, gracias por tus crónicas siempre me sorprenden

    • Gema de los Reyes Contestar

      Mil gracias a ti. Es una zona maravillosa, que desde luego me ha sorprendido. Fui par estar un día y me quedé tres y desde luego quiero volver. Te encantará. Besos

    • Gema de los Reyes Contestar

      Muchas gracias, te va a encantar, a mi desde luego me ha sorprendido. Un abrazo

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