Primera parte – Bucarest, Sinaia, Rasnov, Bran, Brasov

Las primeras impresiones tras unas cuantas horas en la capital rumana, transcurrieron según lo esperado.  Ciudad fría, poco agraciada y bastante mal cuidada. Pero según pasan las horas empiezas a descubrir esa otra ciudad de anchos y arbolados bulevares, imponentes edificios realizados entre grandes guerras, bonitos rincones, y es cuando entiendes por qué su casco antiguo se ganó el sobrenombre de Pequeño París. En apenas un kilómetro cuadrado surge una gran superficie peatonal, donde se puede disfrutar de hermosos edificios históricos, que muestran el urbanismo del XIX y principios del XX y que no sucumbieron a los bombardeos de la II Guerra Mundial ni a los bulldozers de la era comunista.  Es una ciudad llena de bonitas terrazas, sorprende el buen gusto que tienen para la decoración de los restaurantes, bares o cafés, gusto que como pude comprobar más tarde, se extiende por todo el país, vayas al pueblo que vayas sus cafés son una auténtica delicia.

De los edificios más destacados podemos encontrar la famosa Iglesia Stavropoleos, de un gran marcado estilo bizantino, que acoge desde la primera mitad del siglo XVII a una comunidad de monjas, las cuales, me dejaron impresionada cuando a última hora de la tarde realizaron sus cánticos. Es un coro realmente espectacular, escuchar esas finas voces en la oscuridad de la vacía iglesia donde sólo resaltaban las velas y los colores más claros de los bonitos frescos, fue una experiencia difícil de igualar. 
Al lado de esta iglesia se encuentra el famoso restaurante Caru ‘cu bere, así que después de ese maravilloso recital había que conocerle. Habíamos reservado mesa ya que había leído que era complicado cenar un sábado sin reserva. Es un restaurante muy turístico pero realmente  bonito y la comida está buena.

La cocina de Rumania ofrece recetas con productos naturales elaborados de una forma muy artesanal. Las verduras están presentes en casi todos los platos, así como las especias y un característico sabor agridulce. Entre los platos típicos rumanos podemos encontrar: 
Sarmale : Rollitos de repollo en salmuera o de hojas de parra rellenos de carne picada con arroz. Normalmente se les echa encima nata agria y se acompaña con “mamaliga”  caliente que es un sustituto del pan que se prepara con harina de maíz. Es conocido por ser una variedad de “polenta” italiana.
Mici o Mititei: son rollitos de carne picada con ajo y especies, normalmente hechos a la barbacoa. Se sirven acompañados de mostaza y cerveza.
Varza a la Cluj: un plato al horno hecho con hojas de col en salmuera, alternadas con otras de carne picada y con los asados de carne de cerdo aderezada con pimienta, estragón, ajedrea y pimentón dulce.
De entre sus sopas destacan la de burta (sopa de callos) la perisoare (sopa de albondigas) de peste (de pescado) pero la reina de las sopas es la Bean soup in bread bowl, es una sopa a base de judías y cerdo ahumado que se sirve en pan. 
En todas partes se encuentran platos de carne o pescado a la brasa.
Entre los platos dulces más famosos se encuentra el Papanasi, es una especie de donuts con queso de vaca dulce que se sirven con melaza o mermelada de frutos rojos y azúcar glas. También gusta mucho el Mucenici (Pan dulce con crema de nueces), Tarta de manzana, o el bizcocho típico rumano relleno de nata y frambuesas. Para mí sin duda el mejor el papanasi.

Cerca del restaurante está la preciosa librería Carturesti carusel (Strada Lipscani 55)  con un gran diseño interior y un encanto difícil de igualar. Hay muchas buenas librerías repartidas por la ciudad: Humanitas, La Biblioteque o Kyralina son algunas de ellas. También encontramos alguna biblioteca destacada como por ejemplo la Biblioteca militar, me llamó mucho la atención ver una biblioteca monográfica. 

Una de las plazas más céntricas, animadas y grandes de Bucarest es la Plaza Unirii, que además de ser uno de los principales nudos de transporte de la ciudad, es zona de ocio, centros comerciales y cuenta con un gran parque. Llamada Plaza Nacional en la época comunista por ser el lugar donde se representaba el patriotismo, hoy en día brilla más por los carteles luminosos y la publicidad.
La ciudad cuenta con numerosos edificios emblemáticos, parques y plazas tales como: Plaza Victoriei,  Plaza Natiouliner Unite,  Biblioteca Nacional, Ateneo, Banco Nacional Circulo Militar, Casino Palace, Teatro Odeón, Iglesia Cretulescu, el precioso  Pasaje de Macca  Vilacrosse  de un gran marcado egipcio, etc., pero sin duda lo que más llama la atención  al visitante es el segundo edificio civil mayor del mundo, el Parlamento,  que es la antigua Casa Poporului de Ceaucescu.

Nos acercamos a conocer el llamado Museo de la Aldea, el cual, con un concepto diferente de museología, está enclavado al aire libre en un área de quince hectáreas junto al Parque Herastrau. Acoge más de doscientas construcciones que representan fielmente la variada arquitectura popular de las regiones del país: casas de labor, iglesias rústicas o molinos aparecen decorados con enseres e instrumentos típicos, consiguiendo evocar intensamente la vida rural rumana.

Uno de los días elegimos para comer la posada más antigua y mejor conservada de Rumania, Hanul lui Manuc, hoy convertida en el restaurante Manuc´s Inn, construida en 1808 por el poderoso y rico comerciante armenio Emanuel Marzain, la cual, sirvió de albergue y negocio para los comerciantes de la zona y un lugar de encuentro para los comerciantes que recorrían la ruta de los Balcanes. La comida está muy buena pero desde luego sus limonadas no me gustaron mucho, en cualquier café las hacen mejor. 

Desde Bucarest nos acercamos al monasterio de Cernica, situado a diecisiete kilómetros de la ciudad. Construido en el siglo XVII en medio de un tranquilo lago y rodeado de bosques, este monasterio  ortodoxo está formado por la Iglesia de San Jorge y la de San Nicolás, además de un museo de arte sacro al cual no entramos. Puesto que no había turistas, los monjes nos dedicaron tiempo y nos explicaran todo lo relacionado al monasterio y a su religión. Presenciamos una ofrenda y la lectura de unos pasajes, fue un bonito momento lleno sentimiento.  

Al día siguiente salimos hacia el norte y paramos en el mítico monasterio  de Snagov, en la región de Valaquia, es uno de los lugares más visitados del país gracias al personaje de Drácula. El idílico paisaje de lagos  ha sido  un espacio turístico sobre todo para los habitantes de Bucarest, ya que se encuentra situado en una pequeña isla muy cercana a la ciudad. Se accede a ella en pequeñas barcas, o bien, a través de una pasarela que aunque cuesta un poco encontrala, si se pregunta a los habitantes de los pueblos cercanos se llega fácilmente.
El monasterio data del siglo XIV, famoso por encontrarse la tumba de Vlad Tepes, conocido como Vlad el Empalador, el cual,  dedicó su vida a luchar contra el avance del Imperio Otomano (hay diferentes tesis sobre la veracidad de que los huesos encontrados allí sean del príncipe de Valaquia). Considerado como héroe nacional rumano, siendo incluso nombrado héroe de la nación en el V centerario de su muerte por Nicolae Ceausescu. Hay muchas leyendas que hablan sobre Vlad el Empalador, sobre su sentido de la justicia y sobre cómo eran sus reinados. Se dice que empalaba a sus enemigos y bebía su sangre mientras los veía morir. 
El interior de la iglesia es de planta de cruz y está decorada con frescos policromados de estilo bizantino. Alrededor de la misma hay unos bonitos jardines que dan al embarcadero de la misma. 

Después fuimos hasta la conocida  perla de los Cárpatos situada junto al valle Prahova, a unos 135 km al noroeste de Bucarest. Este precioso emplazamiento destaca por sus grandes hoteles y su magnífico casino, pero si hay algo que reclama al visitante es el destacado Castillo de Peles, de estilo neo-renacentista e inspiración romántica alemana. Construido entre 1873 y 1914 por encargo del rey Carol I de Rumanía en un paraje idílico de los Cárpatos. Peles, fue el primer palacio europeo en tener calefacción central, electricidad o sistema de limpieza. Originalmente fue construido como residencia veraniega; consta de ciento sesenta y ocho habitaciones aunque sólo están abiertas al público treinta y cinco de ellas. A muy poca distancia se encuentra el pequeño Palacio de Pelisor y un Pabellón de Caza. Es un lugar precioso para pasear, aunque a nosotros la lluvia nos lo estropeó un poco, pero aún así una cervecita en una de sus preciosas cervecerías de alrededor no tiene precio. 

Me encantaron las vistas de la ciudad que hay desde lo más alto de la ciudad, y la limpieza y encanto de sus calles y casas, sobre todo de una que aunque daba un poco de miedo con ese aire misterioso, era una auténtica maravilla.
Sinaia también cuenta con un bonito monasterio, que tiene una arquitectura más propia de iglesia ortodoxa que de monasterio. Fue creado en 1695 por un noble al volver de Israel y haberse quedado prendado del monte Sinaí, de ahí su nombre. Actualmente está habitado por una comunidad de monjes, los cuales son encantadores y te hacen de guía por sus preciosas instalaciones. El monasterio cuenta con varios edificios, con preciosos frescos en su interior. 

Proseguimos hasta la población de Bran,  situada sobre la frontera entre las regiones de Transilvania y Valaquia, para visitar el famoso Castillo de Bran, conocido comúnmente  como el Castillo de Drácula, debido a que Bram Stoker situo aquí el hogar de su famoso Conde Drácula. 
No hay una teoría clara, ni única, sobre por qué se situó en este lugar ya que el escritor según comentan no  visitó nunca Transilvania, ni hay evidencias de una relación directa entre este castillo y el verdadero Vlad Tepes. Pero lo que sí es cierto es que sus preciosas torres y torreones le dan un toque misterioso y es un lugar del que no se pasa de largo, sin duda, es el lugar más turístico del país. Es una mansión medieval muy bien conservada, construido en lo alto de una roca donde se encontraba una fortaleza de la época de los Caballeros Teutónicos de 1212.  El castillo cuenta con un bonito lago y unos cuidados jardines. A las afueras del castillo se encuentran una vez más numerosos puestos de souvenirs, donde las camisetas y las tazas de Drácula se cuentan por cientos. 

A muy pocos kilómetros de Bran se encuentra la pequeña Rasnov, conocida por su fortaleza medieval, construida en el siglo XIII por los caballeros teutones sobre una colina rocosa. Rasnov fue diseñada como un lugar de refugio para el pueblo, prueba de ello es que contaba con escuela, capilla y otros edificios más comúnmente asociadas a un pueblo. Para acceder a la fortaleza, hay un funicular desde el centro de la población, además de un trenecito tirado por un tractor que sale desde el aparcamiento, pero vamos, que andando desde el aparcamiento no son más de diez de minutos. 
Esta pequeña localidad también cuenta con una bonita iglesia gótica donde me encantaron sus antiguos bancos.

Comimos en una entrañable terraza llamada La turistul donde la comida estuvo bien y muy barata, y uno de los camareros nos dio una buena clase sobre la cerveza rumana.
La cerveza es una de las bebidas más demandadas del país, de ahí que sea el sexto país europeo más consumidor. Existen muchas marcas locales además de las más  conocidas de Europa. Cada octubre se organiza en Brasov un festival parecido al de Alemania. Entre sus principales cervezas encontramos:
Timisoreana proveniente de Timisoara, fue la primera fábrica de cerveza del país creada en 1718.
Ursus: la fábrica se encuentra en la región de Cluj-Napoca. En el siglo XVIII se creó una cervecería y los jeusítas del monasterio de Calvaria abrieron una “casa de cervezas” donde alquilaban a terceros para su explotación, una práctica extendida en la época donde muchas otras parroquias eran propietarias de cervecerías. 
Silva: proviene de la región de Transilvania, comenzando 1974 con la aparición de una cervecería en la ciudad de Reghin.
Ciu: toma su nombre de la región de Mircurea Ciuc y es elaborada con agua de los manantiales de la región de Harghita.  Tiene una versión con limón muy demandada por los rumanos.  
Azuga: proviene de Braşov y aunque ha sido muy demandada por los habitantes del país, en  2008 quebró y fue adquirida por una multinacional que sigue intentando relanzar la marca. 
Ciucaş: originaria de Braşov su nombre proviene del monte donde se encuentra el manantial cuya agua se utiliza para su elaboración.

Al día siguiente fuimos a visitar el conocido refugio de osos más grande de Europa, en el parque nacional de Zernesti. No es que sea un lugar muy bonito, pero lo que sí es cierto es que es un lugar donde se recupera a los osos provenientes de circos, los que han servido de mascota y al crecer son abandonados o metidos en jaulas hasta su muerte, los que han herido los cazadores y han conseguido escapar, etc.  La visita no es gran cosa, tras ver una película sobre su fundación, te dan un pequeño paseo por el refugio donde se pueden ver a los osos  en un entorno más o menos natural.

A continuación nos acercamos al Parque Nacional Piatra Craiului para acceder a Magura a través de una carretera no asfaltada pero de una belleza increíble. El resto del día lo pasamos realizando rutas por la zona ya que nos quedamos totalmente impresionados con las postales montañosas del lugar. 

Esa noche quedamos con unos amigos que viven en Brasov y fuimos a pasear por Cheile Gradistei  que se encuentra en Moeciu, a siete km del castillo de Bran y a treinta km de Brasov.  Es una zona con buenas vistas donde se respira una paz increíble, bonitos hoteles y un precioso restaurante donde la comida tradicional está fantástica.
Al día siguiente fuimos a la preciosa Brasov, vía Poiana Brasov, ubicada en el macizo Postavaru a más de mil metros sobre el nivel del mar. Esta carretera que pasa por la estación de sky es realmente bonita,  transcurre entre bosques donde todo lo que ves a tu alrededor es naturaleza en su estado más puro.

Brasov es el centro y eje de Transilvania con diferentes edificios de estilos gótico, barroco y renacentista. Fundada por caballeros teutones en el siglo XIII para luego ser poblada y fortificada por sajones. Pasear por la ciudad es como pasear por un escenario de bonitas casas de colores. A    través de su importante arteria peatonal, la calle Republici,  se llega a la antigua Plaza del ayuntamiento donde sus preciosas terrazas y sus impresionantes edificios con fachadas ricamente decoradas hacen que pasear por esta ciudad sea una auténtica preciosidad. En el centro de la plaza encontramos el Museo de Historia de Brasov y  la llamada Torre del Trompetista que se utilizaba en la Edad Media como torre de vigilancia. En la plaza también se encuentra la Casa del Mercader, de estilo renacentista, convertido en restaurante; la hermosa catedral ortodoxa y el Museo de la memoria de la familia Mureseanu. Es en esta plaza donde tiene lugar a finales del verano el célebre festival del Ciervo de Oro.
Pero sin duda,  lo más destacado de la ciudad es la Iglesia Negra, la iglesia gótica más grande de Rumania. Construida entre los siglos XIII-XIV y destruida en gran parte tras la primera invasión turca; el nombre que tiene actualmente se debe a un incendio que tuvo lugar en 1689 que dejó ennegrecidas las paredes. Su interior es de una gran belleza, con pórticos de estilo gótico y galerías de estilo barroco destacando el  gran órgano de 4000 tubos construido en el siglo XIX que es uno de los órganos más grandes de Europa. 
La ciudad fortificada cuenta con numerosas torres, puertas y bastiones, destacando el Bastión de los Herreros y el de los Tejedores que fueron construidos por los gremios de la ciudad. En el barrio de Schei encontramos la primera escuela rumana convertida hoy en museo, la cual, alberga más de 4000 libros raros, muchos de los cuales fueron impresos y copiados a mano en ese mismo lugar, ya que la escuela poseía una imprenta. En el museo se encuentra la Biblia más antigua, impresa en piel de cabra.
A la Fortaleza de Brasov  se accede bien a través de un bonito paseo, o bien, a través de un teleférico, pero desde luego es un lugar donde no hay que dejar de ir ya que las vistas son muy entrañables. Para comer hicimos caso a la guía Lonely Planet  y elegimos el restaurante Sergiana, que nos encantó, ubicado en la calle Muresenilor.

Desde Brasov, fuimos a Harman y a Prejmer,  dos bonitas ciudades las cuales tienen fortificadas sus iglesias. La que más me gustó fue Prejmer, da gusto pasear por esos habitáculos donde tantas historias tuvieron lugar en el pasado. Es un auténtico fuerte, sus muros están en torno a los cinco u ocho metros de grosor y catorce de altura, con torres defensivas y con mucha capacidad para poder albergar a un gran número de personas distribuidas en diferentes niveles. 

Harman es mucho más pequeña pero también es bonita, quizá está realizada con más gusto,  su historia también se remonta al siglo XV, y se cree que albergaba gente más adinerada ya que por ejemplo su iglesia posee unos frescos maravillosos. 

 

2 Comentarios

  1. Carlosseville Contestar

    Fantástico post, Gema! A tres días de nuestro próximo viaje a Rumanía, tu información me ha servido de gran ayuda para planificar las visitas a los lugares con tanto encanto que describes. Una vez más, nos has transmitido tu interés y entusiasmo por este país, del que poco conocemos aún. Muchss gracias por esta entrada y felicidades!! Besos ????????????

    • Gema de los Reyes Contestar

      Muchas gracias por tus palabras, me alegro mucho de que te haya ayudado a planificar tus rutas. Espero que os guste mucho y lo disfrutéis tanto como yo. Ya me contarás. Besazos

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