Jerusalén, ciudad sagrada…

Llegamos a la tan esperada ciudad sagrada, esa que no se mueve, sino que permanece para siempre.  Era el lugar que más deseaba ver de todo Israel, no sólo me gustó, sino que me fascinó.  Como decían los  antiguos sabios Diez medidas de belleza se han dado al mundo; nueve de ellas las recibió Jerusalén”.  Para poder entenderla y admirarla hay que pasear por esas pequeñas calles de la Ciudad vieja, dejarte llevar a través de sus cuatro  barrios (musulmán, judío, cristiano y armenio) y observar que mires donde mires la religión está omnipresente en cada fachada, en cada calle,  en cada ventana, es realmente emotivo contemplar como cada piedra relata un hecho histórico.  

En cualquier otro lugar, uno muere y se desintegra. Aquí uno muere y se mezcla en su entorno” Saul Bellow

La ciudad de los setenta nombres poéticos y descriptivos, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1981,  despierta emociones sobrecogedoras, el interior de sus murallas promete experiencias espirituales a creyentes y no creyentes. Es curioso que el nombre de Jerusalén signifique “fundada en paz” cuando si hay un lugar querido y requerido por diferentes pueblos y donde se haya derramado grandes ríos de sangre,  esa es la ciudad santa, la princesa de la Paz como muchos la llaman irónicamente.
En ningún momento nos sentimos inseguros o intimidados por alguien, pero es cierto que me resultó extraño ver a tantas personas jóvenes militares con gran armamento sobre ellos en plena calle. 

Accedimos a la Ciudad vieja por una de las ocho puertas de la maravillosa muralla construida por el sultán turco Suleimán el Magnífico. La puerta Jaffa, quizá sea la más famosa de todas, conocida como la Puerta del Amigo (situada en la parte occidental de la ciudad, de ella partía la carretera que comunicaba Jerusalén con el puerto de Jaffa en el Mediterráneo, por lo que era la puerta de entrada de los peregrinos judíos y cristianos que llegaban de Europa).   Da acceso a una plaza muy animada donde además de encontrar varias tiendas o cafés econtramos el famoso mercado cubierto de Mahade Yehuda, donde han ubicado un espacio de información turística. Desde la plaza se accede a la Calle Cadena que cruza la ciudad de oeste a este accediendo a los siempre enfrentados cuatro barrios. 
A la derecha de la plaza se alza la Torre de David, antigua ciudadela, construída durante el siglo segundo a.C. Desde 1989 se encuentra el Museo de la historia de Jerusalén, el cual, muestra maravillosas exposiciones en  varias salas de distintos periodos, que si a eso le unes donde está ubicado, es un lugar fantástico para aprender la historia de la ciudad,  admirando ese patio central de la ciudadela en el que se han encontrado restos arqueológicos de la época de los macabeos hasta la Edad Media. 

De ahí nos adentramos al barrio armenio. La primera presencia se remonta al siglo IV. Si es posible no hay que perderse una celebración en una de sus iglesias, ya que es un ritual curioso y diferente a lo que quizá estamos acostumbrados a ver;  el maestro de ceremonia acompañado de los asistentes caminan en procesión por las capillas orando y realizando diferentes cánticos. Entre las tiendas de artesanos, alfareros y orfebres se eleva la Catedral de Santiago, levantada sobre un templo bizantino. Impresionante la cantidad de lámparas y su decoración en marquetería.
Para quiénes disfruten con la cerámica, en esta zona se encuentra las mejores tiendas de piezas construidas siguiendo las tradiciones antiguas y representando en ellas diferentes figuras, como por ejemplo: dibujos de pájaros que simbolizan la larga vida, imágenes tomadas del Evangelio, etc. 
Salimos de la ciudad por la Puerta de Sión, la cual conecta dicho barrio con el Monte Zion. Esta puerta es conocida por los árabes como Puerta de David ya que se cree  que la tumba del profeta se encuentra cerca de la misma. Es un lugar muy venerado por los peregrinos, se puede ver  en la antesala a la tumba la cantidad de personas que hay recitando textos sagrados. La tumba está formada por una cámara con un cenotafio, cubierto por una manta de terciopelo verde donde aparecen bordadas las palabras que traducidas significan “David, Rey de Israel, vive para siempre”. En este mismo edificio se encuentra el Cenáculo lugar donde según la tradición se encontraba “la habitación del piso de arriba” donde tuvo lugar la Última Cena
A continuación nos acercamos hasta la Abadía de la Dormición construida entre los años 1901 – 1910 por los Padres Benedictinos. De estilo románico la principal característica es la Capilla de la Dormición ubicada en la cripta donde se encuentra una estatua de tamaño real, la cual, retrata la Virgen María yacente. 
Volviendo a la ciudad vieja nos dirigimos hacia el Cardo (antigua calzada romana que cruzaba la ciudad) situado en el barrio judío. Pasear por esta zona es pasear por la antesala del lugar más sagrado de judaísmo, el Muro de las Lamentaciones.  De acuerdo con la leyenda, cuando las legiones del emperador Tito destruyeron el templo, sólo una parte del muro exterior quedó en pie. Tito dejó este muro para que los judíos tuvieran el amargo recuerdo de que Roma había vencido a Judea, de ahí su nombre. Los judíos, sin embargo, lo atribuyeron a una promesa hecha por Dios, según la cual siempre quedaría en pie al menos una parte del sagrado templo como símbolo de su alianza perpetua con el pueblo judío. 

Es un lugar realmente increíble; uno de los lugares que sabía que me iba a sorprender era éste;  no sabes muy bien qué sientes cuando llegas allí, pero lo que sí que entiendes es que te transmite una emoción difícil de explicar.  Accedimos a través de un control de seguridad, separándose mujeres de hombres y estos poniéndose en la cabeza la kipá (pequeña gorra ritual que los judíos han de utilizar en los lugares sagrados). Leí hace tiempo en prensa que habían habilitado una tercera zona donde los rezos pueden ser mixtos debido a las reclamaciones de las mujeres reformistas judías, pero cuando yo estuve todavía estaban separados. Las mujeres, con su libro de rezos en mano, esperaban su turno para acercarse al muro y una vez allí rezar con o sin movimientos de cabeza e introducir su papelito de los deseos entre las milenarias piedras del lugar más sagrado del judaísmo.

Me llamaba mucho la curiosidad qué harían con esos papelitos, porque claro, es imposible que permanezcan ahí siempre. Me contaron que varias veces al año, estos papelitos son retirados y llevados en grandes bolsas al Monte de los Olivos para ser enterrados, ya que estas notas ni pueden ser leídas “porque son  notas entre el hombre y su creador”, ni tampoco destruidas porque de acuerdo a la práctica religiosa judía, está prohibido destruir cualquier objeto con el nombre de Dios escrito. 
Tras pasar un rato realmente fascinante en el Muro observando y sin poder parar de fotografiar  cada momento que regalaban los hombres de largos tirabuzones vestidos con levitas negras,   accedimos a la Explanada de las Mezquitas, lugar donde se situaba el Antiguo Templo de Jerusalén,  la Mezquita Al Aqsa conocida bajo el nombre de  “mezquita lejana” , que es la más grande de Jerusalén y en la cual se combinan los estilos omeya, fatimí y ayubí del arte islámico. Asimismo,  encontramos otro lugar que tenía muchas ganas de conocer, aunque sabía que no me dejarían entrar ya que está prohibida la visita a toda persona no musulmana,  la famosa Cúpula de la Roca o Mezquita de Umar (realmente no es una mezquita) , espectacularmente bonita y significativa, para los musulmanes es el lugar donde se cree que Mahoma subió al cielo.  

Proseguimos por el barrio musulmán, es el barrio más grande y popular de la Ciudad vieja, formado por una encrucijada de callejuelas repleto de tiendas de especias, cafés, puestos de frutas y verduras, pequeños restaurantes, estanterías de pasteles donde la miel se expande por doquier,  etc. 
La comida en Israel es el resultado de influencias y confluencias que han surgido a lo largo de la historia. Dentro de sus principales platos, encontramos la pita, que es como el pan nacional. Por todas partes encontramos el Shawarma  que es lo que conocemos como kebad, Falafel, croquetas de garbanzos macerados o habas acompañadas de una crema de yogur, tahina (salsa de sésamo)  o de amba (encurtido a base de mango con un toque picante), Mujaddara , potaje a base de arroz y lentejas servido con cebolla y aceitunas, Jraime es un pescado dispuesto en trozos con tomate y especias, Shishlik brocheta de carna asada, etc.  En cuanto a los postres se refiere, hay de todo, desde los más dulces pasteles árabes hasta los postres realizados a base de Halva, existen muchas variedades pero su ingrediente común es la sémola endulzada con azúcar o miel.  En general la comida está muy buena y si le acompañas con una Gold Star o una Maccabe que son las cervecitas autóctonas, pues más todavía. Un licor que tambíen gusta mucho es el “Sabra” a base de naranja y chocolate. Nos recomendaron   un buen lugar para probar diferentes licores y de gran calidad,  el monasterio de Latrun, situado entre Jerusalén y Tel Aviv. 
Pero si hay algo que destaca de la comida israelí es, más que los propios productos, la conciencia alimenticia de sus habitantes. Las leyes de la alimentación de la Biblia son una parte vital de ellos, así por ejemplo, las leyes “kosher” prohiben ingerir, cerdo, conejo y mariscos, el resto de los animales deben ser sacrificados de una manera especial,  los lacteos y la carne deben se cocinados y consumidos por separado, de ahí que nos contaran que en muchas familias había vajillas diferentes para cada tipo de alimentos. 
Me llamó mucho la atención y me desilusionó un poco el zoco ya que era excesivamente turístico y demasiados puestos de objetos traídos de China. Normalmente se accede a él a través de la Puerta de Damasco, la cual, apunta directamente hacia la capital de Siria. Quizá sea la más bonita de todas las puertas que acceden a la ciudad vieja. Al barrio musulmán también se puede acceder a través de la puerta de los leones y de Herodes

Dentro de este barrio encontramos la Iglesia de Santa Ana construida en honor a la Madre de la Virgen María en el siglo XII. De estilo medieval, con gran ausencia en la decoración le hace desprender un misticismo encantador. En esta zona hay gran concentración de academias de estudios judíos y musulmanes. 
Desde el Arco Ecce Homoo ( lugar importante para el cristianismo por ser el lugar donde Pilatos se lavó las manos y preguntó a los judíos qué hacer con Jesús) que está ubicado junto a la Capilla de la flagelación, comienza la Via Dolorosa. Llamado también Vía Crucis, es el camino por el cual se cree que Jesús caminó llevando la cruz a cuestas en su camino hasta el Monte del Calvario donde se levanta el Santo Sepulcro. Además de ser una ruta de peregrinación que cuenta con sus “catorce estaciones” (cada una de ellas relacionada con los acontecimientos de los últimos momentos de la vida de Jesús) también es una ruta turística por la gran cantidad de joyas arquitectónicas que te encuentras por el camino.  
Ante una plaza empedrada rodeada de edificios se abre la fachada del Santo Sepulcro, con sus entradas de las que sólo la de la izquierda permanece abierta. Entrando en la basílica y empezando a visitarla por  la derecha se articulan las memorias relacionadas con la pasión, muerte y unción de Jesús. Nunca olvidaré la gran decepción que me llevé, me esperaba un lugar de recogimiento donde la quietud fuera la gran protagonista, y lo que me encontré fue todo lo contrario, un lugar donde lo que reinaba eran las fotos, las risas, las altas conversaciones, la verdad ahí entendí cuando una vez quise entrar a una mezquita y la persona que estaba en la puerta me lo prohibió, le pregunté que por qué y me dijo que las personas no musulmanas no respetaban sus propios templos y por lo tanto no querían que hiciéramos lo mismo en los suyos. 
No quería salir de Jerusalén con la sensación de que la parte cristiana no era lo esperado, así que al día siguiente a las cinco y media de la mañana con un grupo de personas (hoy grandes amigos) hicimos el Vía Crucis. Las calles estaban desiertas,  provistas de pequeños focos anaranjados que al jugar con nuestras sombras creaba un ambiente mágico e intrigante en el mismo instante,   teníamos ante nosotros ese Jerusalén que yo tenía en mente, un lugar donde creyentes y no creyentes encuentran  paz interior.  Finalizamos en un Santo Sepulcro que nada tenía que ver con lo que había visto el día anterior, el silencio reinaba en la basílica, había algunos peregrinos rezando y venerando los lugares sagrados,  fue una bonita experiencia difícil de olvidar. 
Sin lugar a duda, entendí que Jerusalén es un  paraíso terrenal y celestial a un tiempo,  que nos ofrece un itinerario del arte marcado por la fe.

Salimos de la Ciudad Vieja y accedimos al conocido Monte de los olivos, frente al valle de Kidron, lugar sagrado donde crecen olivos en sus laderas. Estuvimos en el Huerto o Jardín Getsemaní ya que un amable franciscano nos dejó acceder al mismo y enseñarnos el lugar además de darnos unas hojas que estaban caídas en el suelo. En el jardín hay decenas de olivos centenarios, nos contaron que algunos de ellos procedían de brotes de los mismos árboles que había cuando estuvo Jesús la noche de aquel Jueves, que a partir de ese momento pasó a ser Jueves Santo. 
Al lado del huerto, está Iglesia de Getsemaní conocida también como Iglesia de las naciones ya que se construyó a principios del siglo XX con fondos donados por diferentes países. Esta es levantada sobre los cimientos de dos santuarios anteriores los cuales se cree que custodiaban un trozo de la roca sobre la que Jesucristo oró la noche de su arresto.
Cerca se encuentra la Capilla o Mezquita de la Ascensión, que data del año 300, importante para las tres religiones ya que cada una de ellas cree que en la tumba que hay en su interior se encuentra uno de sus representantes religiosos. La Iglesia del Pater Noster dicen que se ubica en la cueva en la que Jesús predicó sobre el bien y el mal según el evangelio. Es impresionante ver como en sus paredes hay mosaicos con el Padre Nuestro en más de ciento cuarenta idiomas. También encontramos un lugar donde las vistas de la ciudad son espectaculares, y es la Iglesia Franciscana de Dominus Flevit levantada sobre una antigua capilla del siglo V. La Iglesia rusa de María Magdalena, que actualmente es el lugar de culto para un convento, deslumbra con sus cúpulas doradas;  son realmente bonitas, destacan sobre el resto de las construcciones que te encuentras en la zona del monte de los olivos. 

Y por último visitamos el gran cementerio judío, se estima que hay más de 150.000 tubas en él, las vistas de la ciudad desde allí son magníficas. Desde ahí, nos acercamos a la pequeña aldea de Betania en la parte oriental del Monte de los olivos para visitar la preciosa iglesia donde según la tradición se encuentra la tumba de Lázaro. 

Seguimos recorriendo la zona extramuros de Jerusalén y así llegamos al Museo de Israel. Por falta de tiempo sólo accedimos al Santuario del libro donde se exhiben los Rollos del Mar Muerto, las copias más antiguas de la Biblia en hebreo que se han encontrado,  y a la maqueta de Jerusalén. Todos los palacios, casas, patios, jardines, teatros, mercados de la antigua ciudad se han representado con gran detalle coronados por el Templo, el centro espiritual del pueblo judío. Es realmente impresionante la precisión de la maqueta, podrías estar dando vueltas alrededor de ella admirándola durante horas y no pararías de apreciar su esplendor. 

También nos acercamos al Yad Vashem, el principal sitio de Israel para la memoria del Holocausto. Todavía recuerdo la angustia  que sentí en el “Monumento al Niño” pasillos circulares con las fotos de los niños y cinco velas en el centro que son reflejadas en el gran número de espejos que hace que sus innumerables reflejos de luz brillante en las paredes de cristal parezcan un cielo estrellado; a eso le acompaña como trasfondo una música y las voces en diferentes idiomas de los nombres y edades de los niños; todo esto hace que sea un lugar donde las lágrimas sean inevitables y el corazón se encoja tras cada paso que das. 

Un paseo agradable fuera de la ciudad vieja es el barrio de Ein Karem. Barrio pintoresco donde todavía parece una aldea que huye del mundanal ruido más que un barrio de la ajetreada  ciudad de las mil caras y las mil interpretaciones. En este barrio se encuentra la Iglesia de la Visitación construida sobre los restos de una iglesia cruzada, el Monasterio de las Hermanas de Sión que originariamente fue un orfanato y donde hoy en día varias monjas gestionan un albergue, y dos iglesias llamadas igual “San Juan Bautista” pero una católica y otra ortodoxa. Es un lugar donde hoy en día viven numerosos artistas, por lo que se encuentran bonitos y animados cafés. 

A doce kilómetros al sur de Jerusalén se encuentra al ciudad bíblica de Belén. No tengo palabras para describir lo que sentí al ver ese muro que te acompaña hasta el interior de la ciudad,  y el gran número de militares que hay por la zona para más tarde llegar al punto donde tienes que mostrar la documentación para entrar a territorio palestino. El centro de Belén se concentra en la plaza Manger, donde se encuentra la iglesia de la Natividad, que es el lugar donde se cree que nació Jesús. El acceso es a través de una puerta muy pequeña llamada Puerta de la humildad, y en su interior a través de unas escaleras se llega a una cueva donde una figura geométrica de catorce puntas labrada en plata marca el lugar exacto del nacimiento. A cinco minutos de la plaza se encuentra la gruta de la leche, lugar donde muchas mujeres van en busca de tocar la roca donde se supone que cayó derramada una gota de leche mientras que María amamantaba a Jesús convirtiéndose  en blanco una piedra roja, y así  aumentar su fertilidad. Proseguimos hasta Bet Sahuí y al monte de los pastores,  situado a tres kilómetros de Belén. Se cree que fue allí donde el ángel se apareció a los pastores a anunciarles el nacimiento de Jesucristo. 

Después de pasar unos días en esta impresionante ciudad, cada vez estoy más de acuerdo con lo que tantas veces he leído sobre ella:  “En Jerusalén siempre se hallará la Ciudad Santa de las tres religiones, la de las cien culturas y de las mil caras”.

4 Comentarios

  1. Fantástico post, Gema!! Nunca había sido un lugar que me atrajese lo suficiente como para ir, lo reconozco. Pero una vez más te felicito por tu habilidad para transmitir la pasión con la que vives cada lugar. Con Jerusalén también me la has contagiado y ahora pienso de forma diferente. Mil besos

    • Gema de los Reyes Contestar

      Mil gracias por tus palabras, no sabes lo que me anima leerte. Creo que es una ciudad que no hay que perderse, el resto del país no me emocionó mucho pero la ciudad sagrada de verdad que merece la pena, la historia está plasmada en todas y cada una de sus piedras. Muchas gracias por dedicar tu tiempo a leerme. Me encanta. Mil besos

    • Gema de los Reyes Contestar

      Estuve pero sólo de pasada, con lo cual no puedo decir que lo conozca. Desde luego es un sitio donde quiero ir.

      Muchas gracias. Saludos

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