Dublín, capital de la isla esmeralda

¿Cómo combatiré la nostalgia? Eso fue lo primero que pensé hace muchos años cuando decidí que me trasladaba por un tiempo a la capital de la isla esmeralda  con el fin de  perfeccionar mi inglés. La soledad fue mi compañera durante un tiempo; eché de menos a mi familia, mi novio, mis amigos, mi perro y un montón de cosas más como por ejemplo,  el sol; pero sin duda, fue una acertada decisión, conseguí superar esa nostalgia y disfrutar mucho de ese maravilloso país y de su gente. No se si conseguiré ser totalmente objetiva, la empatía es una aliada, pero esa simpatía puede resultar causa de distorsión.  Mi estancia allí supuso un momento fantástico de mi vida, donde llegué a aprender a disfrutar de esa soledad nutritiva que se produce cuando uno viaja solo.

Dublín es sinónimo de animación, juventud, cuna y lugar de inspiración de grandes escritores, varios de ellos ganadores del Premio Nobel,  como Samuel Beckett, Bernard Shaw, W.B Yeats, etc.   Aunque la ciudad no ofrece grandes monumentos para visitar, fotografiar, y recordarlos una vez regresas a casa, sí permanecerá siempre  lo agradable,  acogedora y divertida  que es.

Ya desde la llegada al aeropuerto empiezas a ver que la ciudad es muy cómoda y que no hay dificultad alguna para llegar y moverse por ella. Actualmente para ir al centro de Dublín desde el aeropuerto existen dos compañías de autobuses que paran en sus dos terminales: Aircoach y Airlink, siendo esta última más económica porque pertenece a la red municipal de transportes. El trayecto al centro de la ciudad es muy corto, aunque  reconozco que la primera vez que fui se me hizo eterno. Siempre recordaré  a ese señor enorme, de pelo claro y color rosado que me estaba esperando junto a dos niños de cinco y siete años en la terminal de llegadas. Llevaba un cartelito con mi nombre y me dijo que nos teníamos que dar mucha prisa porque su mujer había sido mamá por tercera vez y  teníamos que ir al hospital, así que la llegada a mi nuevo hogar fue algo diferente a lo esperado; del aeropuerto al hospital a conocer a la dueña de la casa en la que iba a vivir durante un tiempo y a su preciosa Alejandra. 

Además de una estupenda red de autobuses y tranvías, la ciudad cuenta con un fantástico servicio de alquiler de bicicletas, medio de transporte que más me gusta utilizar para recorrerla. Para distraerse los fines de semana realizando escapadas a los pequeños pueblos pesqueros de la costa, podemos contar con el DART (Dublin Area Rapid Transit http://www.irishrail.ie/about-us/dart-commuter  que es la línea ferroviaria que recorre la costa cercana a la ciudad. 

Cuando me preguntan cuál es el lugar que más me gusta de Dublín, nunca balbuceo, lo tengo claro, el maravilloso Trinity College, gran símbolo de la ciudad y una de las universidades más antiguas del mundo fundada en 1592. El recinto está levantado sobre un antiguo monasterio. No hay que perderse su maravillosa “vieja biblioteca”. Aunque haya ido muchas veces, me sigue impactando esa gran sala en dos alturas repleta de colecciones de manuscritos y libros impresos del país. Adoro pasear por allí admirando cada rincón, oliendo esa mezcla de madera antigua y papel viejo. Si bonita es desde la planta baja, de ensueño es lo que te encuentras tras subir sus escaleras y acceder a la primera planta, desde donde se observan esas resplandecientes vitrinas con libros y manuscritos antiguos, acompañadas de bustos de personajes de reconocido prestigio. 

Su gran tesoro es el Libro de Kells  uno de los manuscritos más hermosamente iluminados en el mundo. Sus 680 páginas de pergamino contienen los textos en latín de los cuatro Evangelios. Fue escrito alrededor del año 800 d.C por los monjes irlandeses  en un monasterio de Iona,  isla de Escocia, y finalizado en Kells. Más tarde fue enterrado por miedo a los vikingos y después de ser finalmente redescubierto, fue depositado para su custodia en 1653. Dos volúmenes están expuestos diariamente, los cuales,  se cambian en intervalos regulares de tiempo. 

Situada a unos metros de la fachada del Trinity, al comienzo de la peatonal calle comercial Grafton Street se encuentra la famosa estatua Molly Malone. Es un personaje ficticio -aunque hay quien dice que existió de verdad-, protagonista de una de las canciones más conocidas del folclore irlandés. En ella se cuenta su historia, la de una mujer que trabajaba como pescadera de día y dama de compañía de noche. La canción ha pasado a ser una de esas melodías que cuando se llevan encima unas cuantas pintas sale a relucir.
Desde aquí hay dos posibles itinerarios interesantes dependiendo si se busca la zona más comercial de la ciudad, o si lo que se quiere es visitar ese Dublín literario y cultural que no pasa desapercibido. 

En el primer caso, subiendo por la calle Grafton street , donde siempre hay grupos de música amenizando las tardes, llegamos al precioso parque de Stephen Green donde pasar un rato alrededor de su lago y fotografiando sus flores no tiene precio.

Grafton street es una de las principales calles comerciales del lado sur de la ciudad, rodeada  también de un centro comercial que lleva el mismo nombre, el cual, gusta más a turistas que a los propios dublineses. En esta calle se encuentra el famoso Bewley’s Grafton Street Café, es la marca irlandesa más importante de tes y cafés que se inició en 1835, cuando Charles Bewley aterrizó con 2.000 cajas de té en Dublín y amplió el negocio con café.  Era mi lugar favorito para tomar un te al salir de clase, hoy en día aunque conserva su tradición de café tostado y horneado y su famoso desayuno,   para mi ha perdido todo su encanto. Recuerdo cuando llegabas y las chicas vestidas de negro y cofias blancas te ponían un te caliente con galletas de mantequilla o grandes muffins para los más golosos, ¡qué buen olor, color y sabor tenía el fantástico té! 

Bordeando el centro comercial de Stephen Green, además de estar el conocido pub Sinnotts  donde se pueden ver los partidos de futbol y rugby acompañados de una gran pinta de cerveza “pelirroja” Kilkenny , la cual me encanta, se encuentran otros dos bonitos centros comerciales: el  Powerscourt Townhouse Centre, donde compro poco, es maravilloso pero carísimo, pero donde no puedo resistirme a parar y tomar un te en una de sus bonitas mesitas, y más si es en la época de Navidad donde su decoración es elegante y refinada; y el  George Street Arcade, ¡precioso!  ubicado en un edificio victoriano de ladrillo rojo inaugurado en 1881.   Cuenta con bonitos cafés, restaurantes, pequeñas tiendas de moda, decoración e incluso lugares donde te pueden leer las cartas o la mano.

Para acceder a ese Dublín literario, desde la figura de Molly Malone, hay que dirigirse por la calle Nassau street hacia la plaza Merrion para encontrarnos uno de los parques más chulos del centro de la ciudad, donde en su  interior se encuentra la famosa estatua de Oscar Wilde. En frente del parque se ubica la casa donde vivió durante veintitrés años este maravilloso literato.  Hacer una fotito a la estatua de Wilde sin turistas es complicado, pero en este caso es divertido ya que observando a la gente siempre recuerdo su frase “Ser natural es la más difícil de las poses”.

En la misma plaza nos encontramos el Museo de Historia Natural que después de ver el de Londres o el de New York  para mi no despierta interés alguno. Otra cosa es la Galería Nacional de Irlanda, la cual, expone obras desde la Edad Media hasta el siglo XX; me encanta la primera planta donde se pueden ver las obras de los autores ingleses e irlandeses. 

Bordeando la Plaza se sitúa el Museo Nacional de Arqueología y la Biblioteca Nacional. Muy interesante la planta primera del museo donde se exponen recreaciones que documentan la vida de los vikingos tras su llegada al país en el año 795 d.C.

Pero sin duda lo que más llama la atención de esta zona, y de toda la zona sur de la ciudad, son las puertas de sus clásicas casas georgianas, engalanadas con elementos decorativos como columnas, frontones, frisos, etc, y de llamativos colores. Siempre me llamó la atención el por qué de esos colores, cuando en cualquier otro lugar las puertas de este tipo de viviendas siempre son negras, así que al preguntar me quedé con la leyenda más divertida y es que cada puerta es de un color para poder diferenciarla cuando se llega a casa con alguna cervecita de más, que en el caso de Dublín, pasa bastante a menudo. 

Si volvemos a lo que para nosotros en Madrid sería nuestro kilómetro cero, el Trinity College, nos podemos acercar al  Banco de Irlanda diseñado por Edward Lovett Pearce en 1729 para albergar el Parlamento irlandés. Fue el primer edificio de Parlamento de dos cámaras específico del mundo. Me impactó la fabulosa sala de la cámara irlandesa de los Lores y los maravillosos tapices.

Continuando por la Avenida y cerca del Teatro Olympia (sala de conciertos y sede teatral de la ciudad) llegamos al Castillo de Dublín. Fue utilizado como lugar de asentamiento de los vikingos, fortaleza militar, residencia real, sede del Tribunal de Justicia Irlandés, y sede de la Administración Inglesa en Irlanda.  Actualmente contiene  dos museos, cafés, un centro internacional de conferencias, jardines, etc. En el castillo encontramos dos lugares emblemáticos para los dublineses, la Torre de Bedford  construida sobre la original de dos torres de entrada al castillo que sirvió como prisión y donde fueron robadas las joyas de la corona, y la  Estatua de la Justicia,  figura se  encuentra de espaldas a la ciudad,  la cual, los habitantes  vieron como  símbolo de falta de justicia además de tenerla que haber perforado en la parte inferior de las escalas, para dejar que el agua drenara  y conseguir que la balanza estuviera equilibrada. 

A espaldas del Castillo se sitúa el City Hall de enmarcado estilo neoclásico. Su impresionante entrada circular en forma de rotonda y una cúpula pintada y llena de símbolos, hace que merezca la pena una pequeña visita, si además se acompaña de tomarse algo en sus antiguas bodegas. 

Continuando nos encontramos con la primera de las dos grandes catedrales que cuenta la ciudad, Christ Church (Catedral de la Santísima Trinidad). Además de contar con una bonita arquitectura interior, se puede bajar a la interesante cripta, la cual data del siglo XIII, desde hace unos años se puede tomar algo en un pequeño café ubicado en la misma. Desde aquí a través de un pequeño puente se accede al Synod Hall, y ahí se puede visitar la exposición interactiva para conocer la historia de la ciudad durante la época vikinga y la Edad Media, llamada Dublinia. 

No muy lejos queda la conocida catedral de St. Patrick`s, patrón del país. ¿Quién no ha oído hablar de St. Patrick´s day?” Se celebra anualmente el 17 de marzo para conmemorar el fallecimiento de San Patricio. Ese día Dublín al igual que el resto de Irlanda,  se viste más de verde de lo habitual, se celebran grandes desfiles (los irlandeses dicen que el mejor desfile en el interior del país es el de Belfast  y fuera de él en New York) y varios acontecimientos culturales, deportivos etc., que duran varios días.

Si se quiere avanzar un poquito más, se encuentra la Fábrica de Guinness,   aunque es una visita que nadie se quiere perder, reconozco que para mi fue la gran desilusión cuando volví a entrar en ella hace unos años. La primera vez que la visité me pareció que tenía un encanto especial, se aprendía de una manera tradicional cómo se producía y  almacenaba la cerveza,  probándose en una pequeña sala decorada en  madera que había en la planta baja; ahora no digo que no sea interesante y que con los avances tecnológicos no merezca la pena verla, pero desde luego para mi ya no tiene ese encanto de antaño, eso sí, se disfrutan de unas vistas estupendas  en el bar situado en la planta quinta.

Para quien sea más fans del whisky que de la cerveza, no se puede perder la Destilería Jameson, situada en Bow Street desde que fue fundada en 1780 por John Jameson. La visita es un viaje en el tiempo, desde su video en el comienzo, hasta la cata del final de la misma. 

A unos veinte minutos de la Fábrica de Guinness se encuentra la Cárcel de Kilmainham, aunque ahora las visitas son muy cortas y no enseñan prácticamente nada de la misma, cada vez que veo una película filmada allí, recuerdo la primera vez que entré, fue en el último turno y debido a eso, el guía extendió la visita enseñándonos  lugares duros y fríos dónde llegué a pensar ¿cómo alguien podía sobrevivir aquí? Ahora después de los años y haber visto más prisiones como la de Alcatraz, o sitios donde te falta el aire como Auschwitz el impacto es menor, pero en aquel momento recuerdo que me impresionó. 

Cuando cae la noche y volviendo al centro de la ciudad no hay que pederse Temple Bar; uno de los barrios más antiguos  y conocidos de la ciudad. Se encuentra entre Dame Street y el río Liffey,  es uno de los lugares más frecuentados por dublineses y turistas. Auna espacios culturales con bares y pubs típicos con lo cual, aunque al final de la tarde y la noche es cuando tiene su apogeo, se vaya en el momento que se vaya es un barrio lleno de ambiente. Son de destacar sus mercados, sobre todo el de libros antiguos, siempre encuentro algo que merece la pena y por supuesto no puedo dejar de comprar en alguna de esas tiendas un poco alternativas, esas que marcan diferencias frente a las tradicionales o populares tiendas tipo Zara, Mango, etc. Aunque en la actualidad tiene un marcado sello turístico, merece la pena pasear por esos callejones llenos de arte urbano que tanto encanto transmiten. Hay lugares que vaya las veces que vaya, siempre visito, son súper interesantes las charlas o exposiciones temporales en el Instituto de Cinematografía o en el Archivo fotográfico nacional.

De los pubs más famosos de esta zona cabe destacar Temple Bar pub, 47-48 temple bar, Oliver St Johns Gogarty, 58 fleet Street,  The Brazen Head, 20 Bridge Street Lowe, pero hay muchos más. En muchos de los pubs de Dublín además de tomar cerveza se puede escuchar música en directo. En cuanto a la música se refiere, hay varios lugares a lo largo de la ciudad donde merece la pena pasar un rato; a mi me encanta Mezz  y Sweeneys  donde se puede disfrutar de distintos tipos de música según el día de la semana. En Mezz sorprenderá ver cómo todo el mundo deja su firma estampada en la pared antes de abandonar el local. También es fantástico Whelanslive  donde suele haber grupos irlandeses que se están dando a conocer.  Cobblestone  para oir música tradicional irlandesa; la apariencia del bar es indescriptible, es súper antiguo y sus paredes hablan por sí solas.  Y si además de beber unas cervezas escuchando música tradicional se quiere comer algo, no hay que dejar de ir a O`Connells.

El lado norte de la ciudad reviste menos encanto ya que es una zona muy comercial pero desde luego muy transitada por sus numerosas tiendas agrupadas en su mayoría, en torno a la calle principal O’Connell Street. Es la calle más amplia y concurrida del centro e Dublín, aunque no es precisamente larga. Comienza en el puente de O’Connell,  y en ella se encuentra la Oficina Central de Correos, con gran valor más histórico que arquitectónico, ya que allí fue donde los revolucionarios del Levantamiento de Pascua de 1916 proclamaron la independencia de Irlanda. Lo llamativo de la calle es el obelisco de acero inoxidable  del llamado Monumento a la Luz, creado para conmemorar la llegada del nuevo milenio. Al oeste de la calle, se encuentra la famosísima calle peatonal Henry Street, donde se encuentran algunos de los grandes almacenes y centros comerciales de la ciudad, como Debenhams, Arnotts, Penney’s (actualmente Primark) ILAC, etc. Otra calle comercial cercana  llena de albergues y cibercafés es Talbot Street.

A mi de esta zona lo que más me gusta sin duda es el Museo de los escritores, inaugurado en 1991 y situado en Parnell Square Nord.  Está ubicado en una preciosa mansión georgiana del siglo XVIII.  Es un magnífico lugar para descubrir y explorar el inmenso patrimonio literario irlandés; encontramos libros, cartas, relatos y muchas más cosas de Oscar Wilde, Beckett, Joyce, Yeats, Bram Stoker y Swift, entre otros.

Como dice Javier Reverte en su novela Canta Irlanda, “(…) la isla esmeralda es un país de escritores a los que el pueblo irlandés ama más que a sus santos o a sus políticos”. 

Si se camina por la rivera norte del rio Liffey no dejar de entrar en The Winding Stair, pequeña librería donde en su primera planta se encuentra un famoso restaurante. ¡cuántas tardes me pasé en uno de esos maravillosos sillones de cuero negro admirando no sólo sus libros nuevos y de segunda mano, sino también su curiosa decoración a la par de saborear un te!.

La capital de la isla esmeralda es la ciudad de las librerías, se puede encontrar desde la pequeña librería Books Upstairs, ubicada al lado del Trinity College, la cual fue a la primera que entré cuando llegué a la ciudad para comprar Literary Dublin, de Herbert A. Kenny hasta las típicas librerías como Eason, Hugues & Hugues, Dubray Books o la gran Hodges & Figgis, quizá la más grande de la ciudad. 

Si hay un famoso paseo literario en Dublín ese es el de James Joyce. Ríos de tinta se han escrito de su famoso Ulises o de los Dublineses, tanto que si se está en la ciudad el día 16 de junio se vivirá el famoso Bloomsday, llamado así en honor a Leopold Bloom, protagonista de la novela Ulises, que se dedica a pasear un 16 de junio por la ciudad relatando lo que observa. Así, todos los años se celebra el festival donde aficionados a Joyce de todo el mundo se acercan a la ciudad vestidos de época. El Ulises es una novela extensa, difícil de entender pero si consigues engancharte cosa que sería extraño, al no ser que se esté loco como yo que hasta  realicé un curso de doctorado en Literatura comparada para ver las similitudes y diferencias entre esta novela y La Odisea de Homero, se disfrutará con esa obra de arte. La novela narra un día en la vida de Leopold Bloom, más bien 16 horas, ahora eso sí, en unas 1200 páginas. Sin duda es una obra de arte, aunque quizá también sea la novela más empezada y menos finalizada de la literatura contemporánea, pero lo que sí es cierto es que todo el mundo rinde homenaje al gran literato, incluso en el año 2009 el grupo musical U2 homenajeó a Joyce con su canción Breathe.

Si se quiere hacer un recorrido por el Dublin de James Joyce similar al que se hace en el famoso Bloomsday no se puede dejar de visitar la Torre y Museo de Joyce en Sandycove, el pub Davy Byrne´s (21 Duke Street), la Biblioteca nacional (Kildare street), la casa de Usher´s Quay, el Belvedere College y la playa de Sandymount. 

Muchos de los rincones de la ciudad están presente en la novela, como él mismo decía su Ulises era “(…) una imagen completa de Dublín que si algún día repentinamente desapareciera la ciudad, a partir de su libro pudiera reconstruírsela” aunque esto ha sido bastante criticado ya que hay una gran parte de la ciudad que no se menciona en la misma. 

Ya un poco más lejos de la zona de O’Connell Street, se encuentra el estadio Croke Park de fútbol gaélico, con un museo muy peculiar sobre los deportes autóctonos irlandeses. Y siguiendo el río hacia el este en un bonito paseo en el que se camina frente a unos antiguos cuarteles que albergan una de las diferentes sedes del Museo Nacional de Irlanda, se llega a Phoenix Park, uno de los parques urbanos más grandes de Europa, para relajarse y pasear o montar en bicicleta.

En cuanto a la gastronomía se refiere, Dublín no es cuna gastronómica ni de grandes chefs ni de restaurantes reconocidos mundialmente. Pero si se busca, se puede comer desde el típico fish and chips que no me gusta nada,  hasta cenar en algún restaurante con estrellas Michelín, como por ejemplo L’Ecrivain.  Si hay un lugar famoso en Dublín para cenar o tomar algo ese es  The Church (Junction of Mary St & Jervis St) lugar al que siempre voy a cualquier hora del día, ya sea para tomar un estupendo te, picar algo o simplemente tomar una cervecita. Es la antigua iglesia de St. Mary, convertida ahora en restaurante, pub, e incluso en sala de conciertos.

Lo que se podrá encontrar en todos los restaurantes y pubs de la ciudad son platos elaborados con cerveza Guinness. 

Como platos típicos irlandeses se pude probar: 

  • Irish Stew: estofado irlandés elaborado con carne de cordero, patatas, cebolla y perejil.
  • Boxty: una especie de pastel de patata.
  • Coddle: salchichas de cerdo cortadas en lonchas recubiertas de beicon con patatas en rodajas y cebolla.
  • Fried potato farls: pan en el que la patata sustituye parte de la harina de trigo.
  • Soda bread: el pan de soda contiene bicarbonato sódico en lugar de levadura.
  • Blaa: bollo de pan blanco cubierto de harina blanca que suele ser tierno.
  • Black pudding: morcilla
  • Champ: puré de patatas con leche, mantequilla y cebolla.
  • Colcannon: puré de patatas con col, mantequilla, sal, y pimienta.

Y si se quiere comer un maravilloso scone relleno de arándonos, acudir a una tiendecita que no recuerdo el nombre pero que está situada en Upper Lesson street donde además se acompañan de unos zumos naturales irresistibles. 

Si hay una frase que me encanta utilizar para describir el carácter de los irlandeses,  esa es la que dijo Bono de U2 en una entrevista en el año 2006 La gente irlandesa no es cool. Son apasionados, latinos. ¡Somos como latinos que no podemos bailar

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4 Comentarios

    • Gema de los Reyes Contestar

      Mil gracias guapísima, me encanta saber que te gusta, me hace mucha ilusión verte entre mis post!!

      Muchos besos

  1. Hola Gema,

    Me ha encantado descubrir Dublín contigo. Creo que lo he hecho de dos maneras, una, emocionándome como tu lo hiciste la primera vez que estuviste allí, y la otra, con todas las restantes.

    Te he imaginado de jovencita, deambulando por calles, monumentos, cafés, librerías, parques … y esa parte es la que más que me gustado.

    Les he puesto cara a Samuel Beckett, a Bernard Shaw, a William B. Yeats, a James Joyce, a Oscar Wilde … , me he paseado por la “vieja biblioteca” del Trinity College y hasta me atrevería a decir que he sentido ese olor que mencionas de madera antigua y papel viejo, y como por arte de magia, me he visto ojeando el Libro de Kells, las estanterías de la Biblioteca Nacional y hasta me he recreado en el Museo de los escritores.

    ¡Gracias Gema por haberme hecho sentir todo esto!

    Arquitectura, monumentos, diversión, curiosidades, cultura … ¿Qué más se puede pedir?

    Por ti, y a tu salud, voy a brindar esta noche con una Guinness. El té tu, y el café yo, ya lo saborearemos la próxima vez que tengamos oportunidad.

    No dejes nunca de viajar ni de compartir tus aventuras con nosotros.

    Un beso,

    Susana

    • Gema de los Reyes Contestar

      Muchas gracias por tus palabras, no sabes lo que me reconfortan y me ayudan a seguir con todo esto.

      Siempre digo que Dublín me dio muchas cosas, pero quizá la más importante fue el impulso y las ganas de ver y observar a las personas de diferentes países y descubrir su pasado, sus costumbres, sus ilusiones, etc., la verdad es que tengo tan bueno recuerdo de esa ciudad que forma incluso parte de mí.

      Muchas gracias por estar siempre conmigo. Mil besos.

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