Marco perfecto para un viaje al pasado: Midi Pyrenees

Lugares históricos, pueblos con carácter, ríos, viñedos, canales, bosques de frondosos árboles mostrando toda la gama del fascinante color verde, todo eso y mucho más se encuentra cuando se pasea por la antigua occitania.

                                  Midi-Pyrenees:  decorado de las películas de la Edad Media

Comenzamos la ruta por la ciudad del ladrillo, la bonita Albi, reconocida en 2010 Patrimonio de La Humanidad.  La ciudad se levanta sobre el río Tarn, su barrio medieval es uno de los mejores conservados de Europa. Presidido por su monumental Catedral  construida en ladrillo en el siglo XIII, gracias a sus medidas 113 metros de largo por 35 de ancho, hace que sea la catedral de este tipo de construcción más grande del mundo.  Se construyó para simbolizar el poder de la iglesia frente a la herejía cátara. Su interior es un museo de arte cristiano cuyas paredes y bóvedas están totalmente pintadas. La más antigua de las pinturas murales es el Juicio Final, fechada en la Edad Media, que pone en escena las pinturas en tres niveles, Cielo,  Tierra e Infierno. También destaca el órgano de Christophe Moucherel que data del siglo XVIII.
A pocos metros de la Catedral de Santa Cecilia, nos encontramos con el Palacio de la Berbie, impresionante construcción del siglo XIII  comenzada como fortaleza y que luego pasó a ser  sede de los obispos de la ciudad. Si hay algo bonito de esta fortaleza es el precioso Jardín francés con vistas al río Tarm, galería de verdor que cuenta con estatuas representando  las estaciones y a Baco. Desde él se puede ver los diferentes puentes de la ciudad, observando unas bonitas panorámicas de la misma. En la actualidad la fortaleza alberga la sede del museo Toulose Lautrec, conteniendo el mayor número de obras del famoso  pintor y cartelista francés.  Muchas de las obras fueron donadas por la familia y otras son producto de adquisiciones posteriores y préstamos del Museo de Orsay de París. También hay una serie de objetos relacionados con el artista, entre ellos su famoso bastón.

Perderse por ese laberíntico de calles de piedras abiertas entre edificios anaranjados es una auténtica delicia. Muchos de sus edificios están construidos en ladrillo rojizo, es el llamado “brique foraine” de ahí que también se la conozca como “la ciudad roja”. Desde el Puente Viejo, que data  del año 1040, se pueden observar tanto los cuatro molinos que han permanecido  de los doce que hubo en la antigüedad hasta la más típica postal de la ciudad, el río Tarn con la ciudad de fondo.
En la ciudad también se puede disfrutar de la Colegiata de Saint-Salvi y su claustro, la cual tiene su origen en una capilla levantada sobre la tumba de Saint Salvi que fue el primer obispo de la ciudad. En el edificio se pueden ver restos arquitectónicos que van desde el romano hasta el gótico. Su claustro construido en 1270 es un lugar lleno de paz. La zona libre que queda del claustro y de las arcadas romanas están asociadas a los capiteles góticos esculpidos por personajes, animales y vegetación.  En el centro del claustro hay un jardín que recoge la organización de otro pequeño jardín en el cual se cultivaban hierbas aromáticas y medicinales. Este forma parte de uno de los 5 jardines protegidos creados por la ciudad de Albi donde verduras, especias y hierbas aromáticas están a disposición de los viandantes.


Como no podía ser de otra manera me acerqué a ver el mercado local ubicado en un edificio con forma rectangular de refinado  gusto francés.  Todavía recuerdo esas galletas de almendras llamadas “croquant”que me dieron a probar en uno de los puestos. 

                 El paisaje de Midi-Pyrénées lo dibujan pueblos medievales encaramados sobre   puntiagudas colinas

Continuamos la ruta y vislumbramos en el horizonte cercano el entrañable  Cordes sur Ciel,  pequeño pueblo encaramado sobre un promontorio rocoso, elegido como el pueblo más bonito en 2014 por la televisión francesa. En 1947 un periodista y poeta le puso el apelativo de “sur Ciel”, por ser un pueblo que constantemente sobresalía por encima de una alfombra de niebla y parecía estar sobre el cielo;  en 1993 se añadió oficialmente ese apellido al nombre inicial.Protegido por varias murallas, fue construido a partir de 1222 como bastión defensivo por lo que sus empedradas calles son una prueba para las piernas. Sus góticas fachadas, la plaza del mercado, la torre de su iglesia  y sus preciosas callejuelas con aire del medievo hacen que el esfuerzo merezca la pena. La maison del Grand Veneur, la del Grand Ecuye o la del Grand Fauconnier  que alberga hoy el Museo de arte moderno y contemporáneo  asombran por su belleza. Pero si hay algo que sorprende de esta preciosa villa medieva es la Plaza central Plaza del mercado, donde todavía hoy se pude comprobar que antiguamente era una plaza cubierta, es decir, protegida por un gran techo que se levantaba sobre unas grandes columnas de madera. En esta población una vez más se ven restos de los cátaros, se dice que en el pozo que está bajo la plaza arrojaron a tres inquisidores en 1233. Una moneda de 50 céntimos activa la iluminación del pozo para apreciar sus 113 metros de profundidad. Antes de proseguir hacia otro bonito destino, paramos en el mirador para poder admirar la belleza de Cordes al completo.  Para llegar a él hay que coger la carretera D7 y como a unos dos kilómetros sale un camino de tierra y desde ahí se llega fácilmente. 

Saint-Antonin Noble Val,  se encuentra en la confluencia del Aveyron y del Bonnette.  La leyenda dice que el cuerpo de San Antonin, martirizado en Pamiers, navegó lejos en un barco impulsado por dos águilas blancas. Un monasterio fundado en su honor en el siglo VIII es el origen de la ciudad, de hecho es una de las ciudades más antiguas de la región, de ahí su casa románica que fue el antiguo ayuntamiento y que hoy alberga un museo sobre la prehistoria y artes del valle.Los alrededores de la plaza están repletos de tiendas de artesanos que junto a las pintorescas y sinuosas callejuelas, rodeadas de viejas mansiones, hacen que el paseo sea de lo más entrañable. Una vista preciosa es la que se obtiene cruzando el puente del río, desde ahí se puede contemplar el pueblo en su conjunto, el campanario de la iglesia y las bonitas casas que bordean el río, y si se quiere disfrutar de una panorámica del pueblo junto con el valle hay que subir al mirador que está como a cinco kilómetros del mismo. 

Un ejemplo de preservación y renovación de un poblado medieval cuyo impresionante castillo (forma parte de la red de castillos reales del valle del Aveyron) había caído en el abandono y ahora ha sido restaurado lo encontramos en Najac. Es un pueblo curioso, ya que se extiende a lo largo de una sola y única calle. Después de la Guerra de los cien años la fortaleza real sirvió como prisión y la torre se mantuvo intacta, con tres salas superpuestas de estilo gótico. Destaca la única plaza del pueblo llamada Fauburg, realizada debido al ensanche de la calle a mediados de siglo XIII para convertirla en bastión con su bonita fuente del siglo XIV y  figuras talladas en la roca. Otro lugar de interés es  La Maison du Gouverneur. Era la antigua residencia del Administrador Real,  aquí residieron desde el siglo XIII distintas familias de ricos mercaderes y nobles.

Cerca de allí nos encontramos un pintoresco pueblecito llamado Belcastel. Pese a que había leído mucho sobre itinerarios de esta zona en guías y en blogs, pocos habían hecho hincapié en la belleza de este pueblo pero para mí junto con Conques me parecen lo mejor de la zona, son pueblos de postales. El imponente castillo fundado en el siglo XI y compuesto por un torreón cuadrado y torres angulares al que se accede por un puente levadizo, preside el conjunto de casas de piedra medievales. Actualmente además de poder visitarlo se utiliza para exposiciones. Durante mucho tiempo estuvo abandonado, pero Fernand Pouillon cuando visitó el lugar por primera vez se enamoró del lugar y lo compró para su restauración. Su fantástico puente de piedra de 56 metros construido a principios del siglo XV conduce a la iglesia donde se encuentra el sepulcro de Alzias de Saunhac, heredero de los fundadores del pueblo.Para adentrarse a descubrir la vida rural de ayer y de hoy nada mejor que el Museo de la Fragua, donde se puede observar a través de sus instrumentos y realizaciones cómo trabajaban los herreros, pescadores, zapateros, etc., en épocas pasadas.

                                                        Conques: Un pueblo fuera del tiempo

Siguiendo por esas preciosas carreteras donde sin duda volveré para recorrerlo en moto, llegamos a uno de los pueblos más esperados del viaje, Conques. Este encantador lugar es parada del Camino de Santiago francés. Cuando te vas aproximando a él ves como en la ladera de una montaña aparece una sucesión de casas de oscuras paredes y entramados de madera, que junto con sus humeantes chimeneas y su olor a hierba, crees que estás entrando en un mundo irreal. Las casas más antiguas son de finales de la Edad Media, su adaptación a la pendiente del terreno y sus materiales locales le dan una unidad difícil de pasar desapercibida. Cada rincón es una bonita fotografía, los restos de sus hornos de pan, las preciosas fuentes románicas increíblemente bien conservadas, el puente de los peregrinos llamado también puente romano que permite cruzar el río Dourdou.Entre el cementerio que asoma al desfiladero donde se puede ver el río L’Ouche y el castillo de la familia Humieres, surge la preciosa Abadía de Santa Fe, considerada además de ser una de las abadías más grandes del románico, patrimonio de la Humanidad. La iglesia presenta todas las características de iglesia de peregrinación. Consta de una  nave principal y dos naves laterales. Una de las cosas que más llamó la atención fue su tímpano policromado del siglo XII con 124 personajes que narran el Juicio Final. Si se quiere visitar las reliquias de Sainte Foy o de otros santos y objetos de valor, hay que visitar el llamado Tesoro de Conques al que se accede por el Claustro donde destacan los fantásticos capiteles de sus columnas. Para ver otros restos rescatados de la antigua abadía o conocer más sobre la historia del pueblo  se puede acceder al Museo Joseph Fau. Y si lo que se quiere es admirar el pueblo en su totalidad no hay que perderse  éste desde su parte superior dirigiéndonos a la Capilla de San Roch del siglo XV enclavada en un peñasco rocoso. 

Y de la época medieval nos transportamos a la época faraónica gracias al interesante Museo  Champollion en la localidad de Figeac, ciudad natal del gran descifrador de jeroflíficos. Lo primero que te llama la atención de este bonito pueblo rodeado de relieves montañosos y paisajes pastorales, es la inmensa réplica en granito negro de la piedra de Roseta, obra del artista contemporáneo Joseph Kosuth ubicada en la Plaza de las escrituras. Si se quiere profundizar en el mundo de la escritura, cosa que yo recomiendo porque me pareció fascinante,  Museo Champollion presenta una espléndida exposición a través de sus cuatro plantas sobre la historia de la escritura. La exposición está distribuida en salas, estando la primera llamada Sala cero destinada a descubrir cómo Champollión logró descifrar los jeroglíficos a través de las cartas que escribió a su hermano y a los miles de apuntes que tomo en sus diferentes expediciones. En la Sala una se descubren los primeros signos mostrando por ejemplo un Manuscrito en estipites de palmera de Myanmar.  En la sala dos se pueden ver las primeras escrituras desde México a China pasando por Egipto y Mesopotamia. Su sala tres está destinada a colecciones donde se encontraran civilizaciones y mitos relacionados con la aparición de las escrituras permitiendo seguir con el dedo el trazo de caracteres cuneiformes, egipcios, chinos e incluyo el de los misterios glifos mayas. Súper interesante su Sala cuarta donde se descubren los primeros alfabetos que se crearon por pueblos que vivían en Oriente Medio. Y por último sus salas quinta y sexta están destinadas al libro, su aparición y al uso que han hecho los hombres de estos y de la escritura como tal.  No olvidar si se está interesado en el mundo egipcio, acudir al Salón de lectura para ver un documento inédito sobre la reconstrucción en tres dimensiones de una momia. Pero además de esta maravillosa visita, en la ciudad también se puede ver el Palacio de la Moneda, el Museo del Viejo Figeac, ubicado en una espléndida mansión medieval del siglo XIII que permite conocer la historia de la ciudad a través de sus colecciones de minerales y de monedas, y si se quiere disfrutar de unas bonitas vistas, acudir al punto de observación situado cerca de la iglesia de Notre-Dame-du-Puy

Y de ahí proseguimos hacia la ciudad que parece saltarse las leyes del tiempo y del espacio,  Rocamadour conocida como ciudad sagrada y por tanto muy transitada por los peregrinos para venerar a su Virgen Negra. Su enclave es majestuoso, está emplazada sobre un acantilado calizo, dominando el cañón de Alzou. Sin duda lo más visitado es el Santuario, al que se puede acceder desde el pueblo por una gran escalera, o también si previo al Santuario se quiere hacer unas bonitas fotografías panorámicas desde su castillo se puede descender en el funicular subterráneo o más bonito a través del Camino de la Cruz. El recinto del santuario es realmente increíble, alrededor de una plaza central se encuentran siete iglesias y capillas, siendo la más destacada la Capilla de Notre Dame  dedicada a la Virgen negra, patrona de los marineros,  aunque también hay otras como la Iglesia de San Salvador y  la cripta de San Amador , muy veneradas y visitadas por estar inscritas en el listado de Patrimonio de la Humanidad y por ser lugares de gran importancia en el Camino de Santiago. Además de visitar el santuario, el paseo por el pueblo es muy agradable, a través de sus numerosas puertas fortificadas te puedes hacer una idea de lo que fue este enclave en la Edad Media. La calle principal del pueblo llamada Roland le Preux, es peatonal, está llena de cafeterías, tiendas y restaurantes donde a la vez que disfrutas de unas bonitas vistas del acantilado puedes saborear su fantástico queso de cabra, elaborado exclusivamente con leche entera cruda, producido, procesado y refinado en el área de la Denominación en el respeto a la tradición. 

En cuanto a la gastronomía se refiere, en Midi Pyrenees se dice que: “Con cada bocado se gana un lugar en el cielo”

Su oferta es inmejorable, no en vano la región cuenta con veintiséis chefs con estrella Michelin, tales como Michel Bras, Yannick Delpech, Bernard Bac o Michel Sarran, etc., los cuales poseen auténticos templos para satisfacer el paladar del más exigente. Como platos típicos cabe destacar:
Làligot: Puré de patatas sobre el cual se coloca queso blanco fresco cortado en tiras. 
Cassoulet: Pequeñas alubias mezcladas con manteca de oca, salchichas, jarrete de cerdo, hierbas, verduras, todo ello servido en olla de barro. 
El gateau a la broche : un pastel hecho con huevos, mantequilla, ron vainilla y harina. Sus maravillosos quesos como por ejemplo el mencionado anteriormente de Rocamadour, el Tomo Couserans realizado tanto con leche de vaca, cabra u oveja y lo curioso es que cada granja posee su receta particular y sin olvidar el famoso queso Roquefort. Y no olvidar los embutidos provenientes de Lacaune o el foie gras u otros productos derivados del pato y de la oca típico del Gers y todo ello por supuesto acompañado de buenísimos vinos blancos o tintos de la región del sur del país. 

Y por último nos acercamos a Saint-Cirq-Lapopie, para observar ese conjunto de casitas, grandes casas y jardines adosadas a la ladera de la montaña, acompañadas por las ruinas de su castillo y de su gran iglesia. Todavía se puede ver restos de lo que fue en su momento, un imán para artistas, gracias a que el poeta André Bretón fijó aquí su residencia y a la restauración de una vieja casa  que realizaría el marchante de arte Émile-Joseph Rignault., hoy museo de arquitectura popular. Es una auténtica delicia pasear por sus callejuelas llenas de flores, artesanía y multitud de galerías de arte que le otorgaron en 2012 el título de pueblo favorito para los habitantes de Francia. 

 

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