Japón – Tokio

Elegí viajar en abril para poder presenciar el “Hanami”, tradición dedicada a la observación de las flores, especialmente de los cerezos, cuya flor, (sakura) representa la inocencia y la simplicidad, pero también se relaciona con la cultura samurai que las vincula a la brevedad de la vida. En esta época los japoneses se reúnen alrededor de parques y jardines a presenciar ese estallido de primavera. Sorprendida me quedé cuando llegué al Parque Ueno y empecé a ver a cientos de personas recorrriendo sus calles admirando la belleza de los árboles, comiendo, cenando e incluso durmiendo sobre unos plásticos azules. Ya allí, y desde el primer día empezamos a ver la amabilidad de estas personas, hablamos con mucha gente, unos estaban con sus familias, otros con sus compañeros de trabajo, otros con amigos, pero todos dispuestos a contarte lo que era para ellos esa fiesta y a invitarte a sentarte a comer y beber permitiéndote compartir con ellos esos preciosos momentos.

El parque Ueno, uno de los más populares de la ciudad,  cuenta con numerosos museos y edificios históricos, destacan el Templo de Kaneji (sólo quedan un edificio y una pagoda), Museo Nacional de Tokio, de la Ciencia, el Zoológico, etc., además de su precioso lago rodeado de árboles donde se puede pasar un rato muy agradable. 
En la época del Hanami no dejar de pasear por la calle que da al museo ya que hay más de mil cerezos en flor y como sus hojas se juntan parecerá que estáis caminando por una calle con su techo rosado.

Siempre he pensado que la fotografía unida a los viajes es una disciplina que te ofrece muchas oportunidades y una de ellas es la de documentar las experiencias de otras culturas, y sin duda aquí y en esta fecha se consiguen unas fantásticas escenas dignas de recordar siempre. 

Me gustó especialmente el Santuario Toshogu, ya que pese al paso del tiempo preserva las caracterestícas del período Edo, aunque renovado en varias ocasiones. Contiene unas preciosas tallas de madera y unas bonitas pinturas de la escuela Kano, de finales del siglo XVI. Al sur se encuentra su famosos jardín de ponías donde hay cerca de doscientas especies distintas y cuyo mejor momento es esta época. 

Para llegar a él se pasa por una calle donde se encuentran numerosos puestos de comida repletos de locales y turistas. Ahí nos empezamos a dar cuenta de que comeríamos muchas veces en los puestos de las calles, la comida estaba exquisita y a un precio estupendo.  Aunque antes de llegar a Japón no  me hacia mucha gracia  dicha comida, eso cambió radicalmente y me he convertido en una gran aficionada a la misma. La cocina japonesa destaca por su variedad y su gran sabor. Probé todo tipo de comida, desde lo más conocido fuera de Japón, el Sushi en todos sus variantes, acompañados por la salsa de soja, jengibre o mi favorita, el wasabi, pasando por el Karaage,  pollo frito marinado en soja y gengibre, el Katsudon, al igual que el tonkatsu,  es un filete de cerdo empanado, pero servido sobre arroz con huevo revuelto y especias por encima. Platos a base de fideos como el Soba o el Ramén, Guisos conocidos como Nabe que significa olla en japonés, y se hacen de diferentes ingredientes, mi gran pasión el Atún rojo con todo tipo de salsas y acompañamientos, probé uno con sésamo que me dejó impactada, etc.  De los puestos de la calle me encantaron las  Takoyaki, bolas de harina fritas rellenas de pulpo,  los Yakitor,  pinchitos de pollo a la brasa con salsa,  las Gyoza empanadillas rellenas de diferentes ingredientes como verduras, carne o gambas, etc.

Alrededor de  la Estación de Ueno se encuentra la zona de Ameyoko, estas calles están llenas de tiendas de ropa y artículos diversos, pescado fresco, conservas…etc., es impresionante la cantidad de gente que había, prácticamente no se podía andar, las tiendas estaban repletas  tanto de turistas como de locales, la verdad me resultó un poco agobiante, así que dimos una vuelta rápida y nos dirijimos hacia el Templo Meiji Jingu construido en 1920; es uno de los santuarios sintoistas más populares del pais, dedicado a los primeros emperadores  del Japón moderno. Gran templo, rodeado de bosques  al lado del parque YoYogi. Me encantó la entrada con sus enorme tori de madera y cobre,  lleva la figura de un crisantemo. En el templo se pueden visitar varias estancias, la zona interior, donde está el museo del Tesoro, y la zona exterior donde encontramos preciosas galerías llenas de murales ilustrando la vida del emperador. También se pueden ver rituales como lanzar unas monedas a la caja de las ofrendas para después dar dos palmas, pedir un deseo y rezar, se pueden observar las “emas” (tablillas de madera donde la gente escribe sus deseos y los cuelgan en unos habitáculos preparados para ello), pero para mi lo mejor fue presenciar una boda sintoísta. Uno de los invitados nos estuvo explicando el ritual; ella de blanco con una capucha llamada wataboshi y él con kimono negro. Comienza con una purificación donde se intercambian un rosario, después el sacerdote recita una plegaria terminando con la manifestación por parte de los novios de sellar su unión.

En frente del templo nos encontramos con la famosa calle Takeshita Dori, llena de tiendas que venden artículos relacionados a personajes e ídolos famosos entre la gente joven. La verdad es que es una calle llena de curiosidades.  Y al lado Omotesando gran avenida construida como acceso al Templo Meiji Jingu. Esta zona está repleta de bonitas tiendas y un gran centro comercial (Omotesando Hill) con numerosas tiendas, restaurantes, pero lo mejor una terraza estupenda donde descansar un rato. Continuamos hacia la zona de Shibuya en busca del famoso cruce donde no llegas a imaginar que tanta gente pueda pasar al mismo tiempo por un paso de peatones diagonal y no chocarse. Dicen que las mejores vistas están en en el Starbucks, pero a mi me gustan más desde la propia calle, hay unos pequeños muros cerca del parque y desde ahí me parece que la visión es chulísima.  Esta zona está repleta de centros comerciales y un gran bullicio por todas partes.

Al caer la tarde volvimos hacia la zona de Akihabara, es una zona repleta de tiendas de electrónica y el centro “2k540” situado debajo de las vías del tren y donde se pueden adquirir objetos hechos a mano, la verdad, es un contraste increíble. De esta zona lo que más me gustó fue una calle que hay alrededor de la estación de metro de Kanda, donde hay aproximadamente 180 librerías,  es impresionante, puedes encontrar libros y manuales de todas las temáticas imaginables. También está muy bien el espacio comercial que se encuentra donde solía estar la estación de los ferrocarriles nacionales Manseibashi, no tanto por las  tiendas, sino por las vistas de los canales.
Ropoongi Hills es un complejo comercial que parece más una pequeña ciudad que cualquier otra cosa, cuenta con apartamentos, cines, un hotel, una emisora de televisión, doscientas veinte tiendas, un museo de arte y un observatorio en la última planta que desgraciadamente no pudimos acceder por estar realizándose una fiesta privada. Súper chula la araña gigante, escultura de Louise Bourgeois, que se encuentra  en la entrada principal de la torre Mori. En la parte posterior del complejo hay un gran jardín con fuentes donde se realizan juegos de luces y música, increíble la gran cantidad de gente que había con sus cámaras y trípodes en busca de su mejor captura.

Al día siguiente nos acercamos en tren a Kamakura (Veáse – Excursiones desde Tokio) y a la vuelta pasamos por la Estación de Tokyo localizada en el distrito comercial Marunouchi y catalogada como patrimonio cultural. Por la estación pasan diariamente unos tres mil trenes, destacando los conocidos trenes bala.

Para viajar por Japón no alquilamos coche como hacemos en la mayoría de los países, sino que utilizamos los maravillosos trenes que llegan a todas partes, con una puntualidad fascinante. Para ello adquirimos el Japan Rail Pass  en la  página japan-rail-pass.es (no se puede sacar allí porque es sólo para extranjeros o para japoneses que residen fuera de Japón). Te mandan los pases sin fecha,  planos y formas de utilización del pase, hay que tener cuidado cuando se envían los datos ya que tienen que coincidir exactamente los nombres tal y como están en el pasaporte ya que si no lo deniegan y no devuelven el dinero.
Los transportes que se pueden utilizar con el Japan Rail Pass son (www.japanrailpass.net):
Todas las líneas del Japan Railways Group(JR) incluidos el tren bala HIKARI / KODAMA, los trenes expresos, NARITA EXPRESS (Aeropuerto de Tokyo Narita-Tokyo), HARUKA (Aeropuerto de Osaka Kansai-Shin Osaka-Kyoto), los autobuses de líneas JR, el Ferry (Miyajima-Miyajimaguchi), las líneas de tren circular dentro de la ciudad de Tokyo YAMANOTE LINE y de Osaka KANJYOSEN ( estas lineas circulares serían más o menos lo que es nuestro metro, ya que están dentro de las ciudades, además del propio metro) .
Los transportes que NO se pueden utilizar con el Japan Rail Pass:
El tren bala NOZOMI , nosotros sin saberlo lo cogimos y como a la media hora vino el revisor y nos dijo que no podíamos estar allí con ese pase, pero que no pagaremos nada, sino que en la siguiente parada nos bajáramos y nos buscaron hasta cual era el andén y el tren que teníamos que coger. El ferry BEETLE II (Hakata-Pusan), los metros de las ciudades y las líneas ferroviarias privadas.
Para canjearlo hay que ir a una oficina del Japan Railways (JR). Hay una en el mismo aeropuerto de Tokyo-Narita además de en las principales estaciones de Tren.
Se rellena un formulario, en él se debe especificar la fecha de inicio de utilización con un margen de un mes a partir del día de canje (se la marcará en el Japan Rail Pass) y presentarlo junto con el pasaporte, a partir de ahí ponen un sello por detrás en el pase y desde ese momento tanto para entrar como para salir en las estaciones no hay que pasar por las maquinitas, sino entrar y salir por donde pone JR que siempre hay personas a las que debes enseñar el pase y a las que les puedes preguntar cualquier información de los trenes porque se saben todo, es increíble.
Se pueden reservar asientos, pero siempre hay un vagón o varios en el tren para no reservados,   cuando yo estuve eran del uno al tres, se accede al andén indicado y se ve pintado en el suelo las marcas de donde paran las puertas y donde hay que hacer las colas.

En los alrededores de la estación nos encontramos grandes edificios entre los cuales destaca el gran edificio futurista denominado Foro Internacional de Tokio, que es un complejo cultural donde se celebran exhibiciones, conciertos y otros eventos.  Y el final del día lo pasamos en Akihabara que aunque lo habíamos visto de día queríamos verlo también de noche. Las luces, los lugares de maquinitas de juegos, “las famosas Pachinko” muy similares a las pinballs, y un montón de cosas curiosas que no dejas de ver por la zona.

Madrugamos y  comenzamos el día viendo Tokyo desde las alturas. Nos habían recomendado subir al Observatorio del Centro del Comercio Mundial y desde luego que fue todo un acierto ya que aunque hay muchos sitios desde donde se puede ver Tokyo desde las alturas, a mi este me encantó. Está situado a 152 metros, es totalmente circular y  súper agradable, lo recomiendo siempre, porque pese a que hay que pagar el rato que estás allí se disfruta muchísimo.

Cuando proseguiamos hacia el Templo Zojoji vimos una gran procesión de gente que se dirigía hacia allí, así que preguntamos y nos contaron que ese día se celebraba una ceremonía y que reunía a todos los grupos espirituales, así que sin pensarlo decidimos ir más rápido para entrar en el templo antes de que llegara la comitiva. Este templo es el principal de la rama de budismo Jodo-Shu en la región de Kanto, está pegado a la Torre de Tokyo.

A continuación nos fuimos hacia el barrio de Asakusa con el fin principal de visitar el Templo Sensoji,  dedicado a Kannon, la deidad de la misericordia y que data del año 628 . El gran templo cuenta con unos rincones preciosos, desde la puerta Kaminarimon la puerta Hozomon, la pagoda de cinco pisos, pasando por sus principales salones, hasta la puerta Nitenmon y los jardines,   sin duda fue una de los lugares que más me gustaron de la ciudad.

Después paseamos por la calle comercial Nakamise,  y nos acercamos a una calle que para mi es fundamental ya que se encuentran un montón de tiendas dedicadas a los enseres de cocina y vajillas japonesas, con lo cual no me podía perder todo lo dedicado al mundo del te (Calle Kappabashi Dogugai). Pese a que me gusta más el té chino que el japonés, me enamoran las teteras japonesas y todos sus utensilios, así que allí estuve un largo rato disfrutando y claro, comprando.

Proseguimos hasta el barrio Sumida para coger un barquito y bajar hasta la zona de Odaiba, pero como al final se nos hizo tarde, nos quedamos dos paradas antes en el Jardin de Hama-rikyu. La verdad es que el paseo pese a que es agradable, no es un bonito paseo como en Budapest o París, pero bueno, esta ciudad no es que sea bonita, sino que es diferente, así que su paseo también lo es, y lo que si es cierto es que ves otra cara de Tokio. Llegamos al precioso jardín donde vimos muchísimas parejas de novios haciéndose fotos,  estaba lleno de flores y era un lugar ideal para dar color a su día.

Al día siguiente fuimos a Kawagoe, que se encuentra a 50 minutos de Tokio. (Veáse Excursiones desde Tokio)
Volvimos a la ciudad y fuimos derechos al barrio de Shinjuku, barrio donde se acumulan los rascacielos. Primeramente  fuimos a tomar algo a varios centros gourmet que están ubicados en los grandes almacenes de la zona, decididamente creo que me voy a volver adicta a la comida japonesa, me está encantando. Luego  accedimos al conocido Gobierno Metropolitano de Tokyo que cuenta con un observatorio en el piso 45 y que además es gratuito.
El último día de Tokio madrugamos más de lo normal para ir al barrio de Ginza y a su conocido mercado de Tsukiji, lugar imprescindible en una visita a esta ciudad; hay que ir pronto porque luego se llena de turistas y pierde el encanto. Este barrio es el lujo por el lujo, aquí se encuentran las grandes firmas y las tiendas más novedosas. Me encantó una papelería ubicada  al lado de L. Vuitton, de cinco plantas, literalmente  me volví loca, entre las plumas, los cuadernos, y  los famosos papeles pintados, increíblemente bonitos y sorprendentemente asequibles. Otro sitio que a quien le guste la cosmética no puede faltar es Shisheido.  Esta firma tiene una línea que no se vende al exterior, se puede encontrar en las perfumerías y droguerías y que tiene unos precios bajísimos con una calidad increíble, así que ya sabía que era otra cosa que compraría la última noche del viaje, antes de volver a España.

El mercado de Tsukiji se encuentra junto a uno de los mercados de abastos de la ciudad, a primera hora es impresionante ver llegar los camiones de pescados directos a la lonja, vimos peces que no sabíamos ni que existían. En el mercado exterior que abre un poquito más tarde, se pueden ver desde carnes, verduras, alimentos deshidratados y todo tipo de utensilios para la cocina, hay muchísimos puestos donde están constantemente realizando comidas y todo lo que probamos estaba exquisito.

Al día siguiente fuimos a Nikko, ubicado a 90 minutos de la ciudad.  (Veáse Excursiones desde Tokio), llegamos tarde y a dormir prontito, preparar todo porque al día siguiente dejábamos Tokio con destino a Takayama.

 

2 Comentarios

  1. Claudia Jesus FraClnco Contestar

    Precioso texto y fotos! No me atrae especialmente Japón, pero has sabido despertar mi interés por esta cultura… Continuaré leyendo las excursiones!

    • Gema de los Reyes Contestar

      Me alegro de que te guste! Para mi tampoco era un destino prioritario, pero empecé a leer sobre él y ver varios fotos que me gustaron y decidí ponerlo en la lista de los prioritarios; ahora desde luego debo decir que es un país interesante, con rincones llenos de belleza y con una cultura cuanto menos curiosa. Iré subiendo diferentes post que espero que te gusten, especialmente el de Kioto que para mi es de lo mejor de ese país. Mil gracias por dedicar tu tiempo a mi blog. Me encanta verte por aquí. Feliz noche Claudia. Besos

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