Cuba

La imágenes de este post son de mi amigo  Josep Casals (@jksals en Instagram) que conoce Cuba a la perfección  y que muy amablemente me ha cedido sus fotos; cuando  estuve en este precioso país no tenía cámara digital y el escanearlas me supondría un tiempo del que ahora no dispongo y además nunca quedarían igual, así que quien mejor que él para mostrar este bello país. Os animo a que no os perdáis sus preciosas fotografías de diferentes países que tiene en su cuenta de Instagram.

Cuba, la mayor de las Antillas, es indiscutiblemente la isla que más interés despierta de la zona. En principio no estaba entre mis prioridades ya que aunque tenía ganas de conocer la Habana vieja, lo demás no me interesaba mucho, pero por diferentes circunstancias fui hace muchos años y me encantó, nunca sabes hasta que no estás allí las emociones que te puede despertar un lugar.
Fue un país que me sorprendió por varios motivos, el primero ya en el aeropuerto, fuimos a pasar el control de Inmigración y me llamó la atención ver la cantidad de preguntas que te hacían los militares para sellarte el pasaporte de entrada al país, y más me sorprendió cuando estábamos esperando en la fila y un militar llegó y dijo que todo el mundo de uno en uno; vi como una chica se salía un poco de la fila y los gritos fueron tremendos, si a eso le sumas que cuando estás entregando el pasaporte no ves lo que hay detrás, es decir, una vez que autorizan entrar, abren unas puertas metálicas y no sabes ni siquiera dónde vas. Aunque realmente accedes a las salas como otro aeropuerto normal, me desconcertó tanto hermetismo.
Cogimos un taxi y fuimos al Hotel Tryp Habana Libre, al lado del hotel Nacional. Dejamos todo y nos montamos en un cocotaxi, pequeños taxis que transitan por La Habana, que van rapidísimo y que por supuesto tuvimos que negociar para llegar a la Habana Vieja. La capital de esta preciosa isla, es bulliciosa, caótica, pero conserva la misma despreocupada alegría que enamoró setenta años atrás a novelista y reportero Ernest Hemingway. Comenzamos en la Plaza de Armas, viendo el Palacio de los Capitanes Generales donde se encuentra el Museo de la Ciudad, de ahí girando a la izquierda está el Palacio del Segundo Cabo que no pudimos visitar, y justo al lado me encantó la librería “La Bella Habana” quizá una de las que más me gustaron de la ciudad. También encontramos El Castillo de la Real Fuerza rodeado por un foso lleno de agua, después el Templete, la primera obra civil de estilo neoclásico de La Habana. El Palacio de los Condes de Santovenia, construído entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, y girando por la calle Baratillo, encontramos la Casa de la Comedia, uno de los edificios más antiguos de La Habana. Me encantó el mercadillo de Libros viejos, revistas, etc., encontré ediciones raras de libros de Carpentier que por supuesto no pude dejar allí. Adoro tanto los mercadillos como los mercados de las ciudades, dicen tanto de sus habitantes.
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En la calle Jústiz esquina con Oficios, está el Museo de Autos Antiguos (donde se puede ver el coche de Che Guevara) y en frente La Casa del Árabe. Después de estar toda la mañana paseando por esta zona ya me di cuenta de que me iba a gustar más de lo que pensaba. Pasear por la calle Obispo es una gozada, encontramos un montón de edificios de los siglos XVI al XIX dignos de admirar, y también la Farmacia y a Casa de Infusiones que intentan reproducir estos establecimientos tal y como estaban en otros siglos. En frente está el famosísimo Hotel Ambos Mundos, lugar donde se alojó mucho tiempo Ernest Hemingway, conservando su habitación como museo.
Callejeando por esta zona encontramos La casa de Puerto Rico, Academia Cubana de la Lengua, Casa Benito Juárez, Casa de la Obrapía, Casa de África, etc. y la bonita maqueta de La Habana que te hace recordar cómo era esa ciudad en tiempos pasados.
La plaza de la Catedral es el conjunto más armonioso de la ciudad, Alejo Carpentier se refería a ella como “música convertida en piedra”, pasamos por el Palacio de los Marqueses de Aguas Claras que en aquellos momentos era el restaurante El Patio, las Casas de Lombillo y Marqués de Arcos, etc.
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Fuimos a pasear por la calle Empedrado buscando la “Bodeguita del Medio” para probar esos famosos mojitos, en sus orígenes fue una tienda de víveres ubicada una cochera, y más tarde se convirtió en casa de comidas frecuentada por periodistas y escritores, Hemingway afirmó que los mejores mojitos de Cuba los bebió en esa taberna. Me encantaron esas paredes todas escritas con frases de las personas que hacíamos una parada allí.
dscn2626-copia-1Proseguimos por la Plaza Vieja, observando la Casa de los Condes de Jaruco, casa de las Hermanas Cárdenas, etc., fuimos hacia el Convento de Santa Clara y seguimos avanzando para la Casa natal de José Martí, convertida en museo.
En los límites de la Habana Vieja, encontramos el Museo de la Revolución, ubicado en el Palacio Presidencial y detrás el Memorial Granma, donde se conserva el yate en el que Fidel Castro y sus compañeros viajaron desde México e 1956 para iniciar su guerrilla en la sierra Maestra, también hay aviones y otros vehículos que participaron en la guerra. Cerca encontramos otro de los sitios que tenía ganas de conocer tras leerlo tantas veces en las novelas de Hemingway, El Floridita, donde se suponen que están los mejores daiquiris, y tengo que decir que la verdad me decepcionó, y más cuando veníamos del bar conocido como los balcones de Hemingway que no sólo me encantó sino que me lo pasé genial cuando tomando un fantástico daiquiri,  empezó a sonar música y unas cuantas parejas cubanas se pusieron a bailar,  al final acabamos bailando con ellos.
Después del bailecito y los daiquiris, avanzamos hasta el famoso Capitolio, con su gran cúpula inspirada en la del Capitolio de Washington. Inaugurado en 1929 aloja ministerios, museos, etc. Subir las escaleras del Capitolio mirar hacia atrás y ver esos coches de colores, no tiene precio. Al entrar al hall hay una gran figura egipcia dorada; lo que más me gustó fue la Biblioteca, aunque la vimos un poco oscura, porque no se podía encender la gran lámpara existente en la misma, ya que se dejaba el resto del edificio sin luz; la semana anterior a nuestra llegaba había habido un fuerte huracán y había hecho grandes destrozos, de hecho era increíble ver la ciudad por la noche, era de una oscuridad sorprendente, calles y calles sin una sola luz, ahora eso sí, en cada esquina un militar, con lo cual en ningún momento sientes inseguridad. Alrededor de este precioso edificio encontramos el Parque de la Fraternidad, Palacio Aldama, Gran Teatro de La Habana, etc., me encantó la exposición de trenes que hay detrás de más de cien años.
Al pasear por la Habana sientes más que en otras ciudades eso de “hay que perderse por la ciudad”. Cada casa esconde una capa colonial, renacentista u oculta un antiguo palacio. Como decía Alejo Carpentier “La Habana es la ciudad de lo inacabado, de lo cojo, de lo asimétrico, de lo abandonado“. Sí es cierto que desde que la Habana Vieja fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1982 por la Unesco, el barrio está sometido a constantes reformas que intentan mostrar la maravillosa ciudad que un día deslumbró al mundo. 
En las murallas de la ciudad se pueden observar tanto el Castillo de San Salvador de la Punta, como el Castillo de los Tres Santos Reyes Magos del Morro, y luego accediendo por uno de los sitios que más me gusto que fue el Malecón accedes a la Habana Moderna. Pasear por ese Malecón me emocionó aunque reconozco que acabé un poco harta de todas las personas que te querían acompañar y que al preguntarte de donde eras, la frase era siempre repetitiva, “De Madrid al cielo pasando por La Habana”, ufff fue realmente cansino, pero bueno, la gente es encantadora y había que aguantarlo. El Malecón es la gran avenida costera de La Habana, siete kilómetros que van desde el Castillo La Punta hasta la desembocadura del río Almendras, bordeando la zona conocida como el Vedado que es donde estaba nuestro hotel y al lado la famosísima heladería Coppelia donde siempre había unas colas tremendas. Este balcón marino se convierte en un microcosmo humano el cual sintetiza el alma de la mágica ciudad. 
dscn2596-1En la zona de la Habana moderna, encontramos la Plaza de la Revolución donde está el monumento de José Martí y alrededor están la Biblioteca Nacional, Teatro Nacional, Ministerio de las Fuerzas Armadas, etc. Sin duda esta zona no cuenta con la magia de la La Habana vieja.
Durante los días que estuvimos en la Habana comimos en Paladares (establecimientos privados donde se come platos totalmente tradicionales). La cocina criolla está influenciada por la cocina española y la africana. Uno de los días tomamos cerdo asado a la púa (asado sobre leño de guayaba) acompañado de arroz y frijoles (también llamado moros y cristianos) que estaba realmente espectacular. Y como no podía ser de otra manera una noche fuimos al espectáculo del Tropicana y otra noche al del Hotel Nacional donde cenamos en sus preciosos jardines.
dscn2582Una de las tardes nos acercamos al Muelle de la luz para conseguir una lancha que nos llevara hasta Regla y así cruzar la bahía. La localidad de Regla que ya me parecía un barrio de la Habana, presenta calles muy parecidas a la La Habana Vieja, accedimos a la colina Lenin para poder fotografiar la bahía con La Habana de fondo.
Desde la Habana accedimos a varios lugares en diferentes días:
Zona de Pinar del Río para observar esos paisajes llenos de contrastes, desde las sierras de los Órganos y del Rosario hasta las fértiles vegas tabaqueras, pasando por algunos bosques y playas. Accedimos a la denominada Reserva Mundial de la Biosfera de Sierra del Rosario, nos bañamos en las Pozas del río San Juan, comimos en el turístico restaurante llamado El castillo de las nubes, la comida era mejorable pero las vistas eran preciosas. Nos acercamos a Viñales una pequeña población Monumento Nacional que me encantó, tiene un valle de su mismo nombre donde encontramos los famosos mogotes (pequeñas colinas calcáreas de paredes verticales).

Isla de la Juventud, situada en el archipiélago de los Canarreos, para ver por un lado el criadero de cocodrilos, al cual no pudimos acceder ya que debido al huracán no estaba segura la zona, y para bucear por esos lugares que tanto habíamos oído hablar, El Pasaje Escondido o el Barco Hundido. Fue un sitio fantástico para ver esas transparentes y tranquilas aguas, barreras de colares y lo mejor acceder al Barco Hundido. Después nos acercamos a Cayo Largo pasando por Cayo Rosario, playas de blanquísima arena y preciosas agua turquesas, es una zona muy turísticas así que aunque las playas son preciosas, no es un sitio que me apasione, está lleno de catamaranes con turistas haciendo snorkel y comiendo langosta, ahora bien, las playas son preciosas.
Proseguimos el viaje de La Habana a Varadero pasando por el pueblo de Matanzas, lo que más me gustó fue el Teatro Sauto que cuenta con unos frescos preciosos en su interior. Varadero, gran playa de bonitas aguas y fina arena, pero la verdad lugar que a mi particularmente no me gustó, es una zona con grandes complejos hoteleros, llenos de turistas que van al ” todo incluido”.
Como habíamos cogido unas motos tipo Vespinos y habíamos visto que Varadero no nos gustaba mucho salvo algún mercadillo de artículos de madera y papel mache , al siguiente día fuimos a un lugar que me encantó, un lugar donde te podías bañar con los delfines y jugar un rato con ellos. Me encantaron esos animalitos, tocarles, y nadar con ellos fue un verdadero placer y si hay alguna cosa que recuerdo con mucho cariño de ese viaje, son sin duda a los delfines, y eso que uno de ellos se apoyó un poco en mí y me hundió muchísimo, la verdad es que impresionan pero desde luego para bien. A la vuelta paramos con el velero en algunas islas que vimos por el camino y sus playas me parecieron maravillosas, mucho más bonitas que las que había visto hasta ahora y sin rastro de turistas, con lo cual me entusiasmaron.
Al día siguiente fuímos a Trinidad y Cienfuegos. Trinidad, ciudad colonial no tiene grandes edificios pero sus calles son preciosas y el ambiente es muy chulo. Las calles irregulares de adoquines, los tejados de tejas arcaicas, los ventanales enrejados, sus patios, etc., hacen de la ciudad un sitio entrañable para pasear.
dscn3173 Empezamos el paseo por la Plaza Mayor, con su museo Romántico la Iglesia de la Santísima Trinidad, Museo histórico, Palacio Iznaga, etc., y por supuesto paramos en La Canchánchara, a beber su especialidad que lleva el mismo nombre y que a mi no me gustó nada ya que está extremadamente fuerte (aguardiente, limón, miel y agua mineral), proseguimos para ver el Museo de la Lucha contra los Bandidos, La Casa del Corsario, etc. Sin duda esta ciudad fue uno de los sitios que más me gustaron de la isla.

Cienfuegos es una preciosa ciudad abierta al mar, paseamos por su Malecón, por su Paseo del Prado, Catedral de Nuestra Señora la Purísima, el parque José Martí, y aquí no pudimos evitar al famoso cementerio Reina que es un museo de arte funerario. Acabamos el día en  Playa Ancón, bonita playa y con la suerte de que había poquísima gente con lo cual lo disfrutamos muchísimo.

El atardecer sobre Cienfuegos desde luego es un regalo para los sentidos.
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Fotos: Josep Casals

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