Costa oeste – Parques nacionales, Las Vegas

El Parque Nacional de Yosemite está situado en la Sierra nevada y cuenta con más de tres mil kilómetros cuadrados elevándose hasta los cuatro mil metros al nivel del mar. Es un parque inmenso, con lo cual si no hay tiempo para estar muchos días, como fue nuestro caso, ya que contábamos sólo con un par de ellos, tienes que planificar las rutas, lo cual es muy fácil porque las páginas oficiales   cuentan con toda la información necesaria o el Centro de visitantes también la ofrece en papel. Yosemite tiene una carretera circular, a lo largo de ella se encuentran multitud de aparcamientos, lodges, campings, etc., si no se quiere conducir también hay unos buses gratuitos, pero a mi realmente me encantó conducir por aquellos parajes. Empezamos a admirar esos bosques, esas piedras y todo me parecía espectacular, el primer día hicimos un recorrido fundamentalmente por el parque en coche, parando en los sitios más famosos y haciendo pequeñas rutas a pie para ir eligiendo, o mejor dicho ratificando, si era la opción correcta la ruta que habíamos pensado hacer  al día siguiente. Fuimos a Inspiration Point para ver una preciosa vista del Capitan, el Half Dome y el North Dome, nos acercamos a Sentinel Beach y Cathedral Beach, como era octubre las cascadas iban sin agua, así que ese espectáculo nos lo perdimos. Aunque me hubiera encantado pasar la noche en el Ahwahnee Hotel, me conformé con ir a tomar un café y dormir en Yosemite Lodge at the falls. Al día siguiente nos levantamos tempranos e hicimos a pie una de las rutas recomendadas denominada Valley Floor Loop de 21 km, disfrutando de impresionantes vistas y más tarde hicimos la denominada Mirror Lake/Meadow, de  8 km alrededor del lago, que es mucho más relajada. Después del palizón volvimos al hotel ya que por la mañana  les habíamos pedido a los dueños que nos dejaran una habitación para darnos una ducha rápida y muy amablemente nos dejaron permanecer en la nuestra por la tarde sin pagar nada, así que ducha y camino del Paso de Tioga porque queríamos avanzar al máximo para llegar a dormir a la zona de Big Pine.

Al día siguiente madrugamos como ya era costumbre, con el fin de llegar a Death Valley a primera hora de la mañana.  Este Parque Nacional se encuentra a unos 250 km de las Vegas. Es el punto más bajo respecto del nivel del mar de EEUU además de ser el punto más caliente de norteamérica, con lo cual queríamos pasarlo pronto para evitar las horas más calurosas pese a que al ser octubre no serían los 50 grados que se alcanza en los meses de verano. Este valle no tuvo la categoría de Parque Nacional hasta 1944 pese a su gran atractivo turístico, de hecho, estos paisajes han cautivado a numerosos directores de cine, por ejemplo Richard Marquand dirigió El retorno de Jedi en la llamadas Dunas de Arena.  Este parque me fascinó, como no podíamos ver todo elegimos ciertos lugares, así que estuvimos en Badwater Basin, agua que emana de la tierra a unos cuarenta grados, Zabriskie Point, The artist Pallette, esta zona es realmente increíble, hay estratos de roca de tantos colores como el arco iris, es un auténtico espectáculo. Furnace Creek fue un poblado indio que estuvo asentado en este lugar. Es uno de los pocos puntos dentro del parque que tiene una zona de servicios con restaurante y un hotel pequeño. Cerca hay una mina de Bórax que es el mineral que se extraía aquí en épocas pasadas. Desde el año 1882 hasta el año 1889 se extraía el bórax manualmente mediante mano de obra de origen chino y luego era transportado durante 265 km en carros tirados por 20 mulas hasta las vías del tren. Mesquite Flat y las dunas de arena, es una zona al norte del Death Valley que se caracteriza por sus dunas de finísima arena, es una aténtica preciosidad,  el silencio es absoluto, se respira una paz increíble aunque también piensas como me pase algo lo llevo claro, en todas las horas que estuvimos en el parque nos cruzamos con un coche.  Accedimos a Salt Creek y Dante’s view, donde se obtienen unas vistas espectaculares del desierto.

Después de la fantástica mañana que habíamos tenido nos tocaba tarde de coche, teníamos por delante unas cinco horas hasta llegar a Cedar city que era donde más o menos queríamos dormir para estar a las puertas del  Dixie National Forest. Dormimos en el encantador Stratford Bed & Breakfast en Cedar City, los dueños maravillosos, éramos los únicos que estábamos en la casa y nos trataron de maravilla, nos prepararon un delicioso desayuno, nos contaron muchas cosas sobre el Festival de Shakespeare celebrado en esa zona y cuando nos fuimos nos habían preparado bolsitas con sandwiches, bollitos, zumos, chocolatinas, agua, etc., porque decían que lo íbamos a necesitar para coger fuerzas con la ruta que queríamos hacer hoy, realmente fue un lugar exquisito y delicioso. Accedimos al Bosque Nacional Dixie que ocupa casi dos millones de acres y se extiende alrededor de 170 millas a través del sur de Utah. El bosque tiene cientos de millas de camino para senderismo, el paisaje es realmente mágico, los árboles ya tenían esos colores otoñales que te invitan a estar horas mirándoles y fotografiándoles. Accedimos al sendero denominado Espejo Aspen que te lleva a un pequeño lago de montaña rodeado de árboles de Aspen, impresionante paisaje, se respiraba una paz increíble, quizá por eso estas hojas sean las utilizadas en naturopatía como remedio para dar ánimo a la vida, porque dese luego es un  lugar para deleitarse. Desde el Sendero Pino erizo, se puede observar el Parque Nacional de Zion, al que iremos en unos días y también fuimos al  Sendero del Castillo Vermillion, desde donde se pueden ver las preciosas formaciones rocosas compuestas de conglomerados y arenisca.  Sin duda ese lugar me ha sorprendido, es mucho menos conocido y poca gente se detiene a verlo, es un lugar de paso al Bryce Canyon, pero sin duda merece la pena al menos unas horas, es una regalo para los sentidos.

Continuamos el camino al Parque Nacional  Bryce Cañón. Este parque puede ser visitado en coche ya que existen numerosos miradores donde admirar la belleza de esas rocas y contemplar su magnífica transformación de los panoramas rosados y ocres.Cabe destacar Sunrise Point, Sunset Point y Natural Bridge, pero la verdad es que parara en el que parara me gustaba mucho. Como habíamos llegado con tiempo de hacer alguna ruta, decidimos hacer la que mezcla Queens Garden Trail, Navajo Loop Trail y Peekaboo Loop Trail de aproximadamente diez kilómetros. Empezamos en Sunrise Point que es un descenso continuo,  pasamos por la roca llamada Queen Victoria, accedemos a esa parte tan bonita del cañón con subidas y bajadas, túneles, puentes para unirnos a una parte de la Peekaboo Loop, esta zona es muy bonita y menos transitada que el resto, pero claro  no me extraña, porque desde luego la subida del final es un quema piernas y cuando llegas arriba vas sin aliento, pero sin duda merece la pena aunque en ese momento lo que piensas  es ¿qué necesidad tengo de sufrir? ¿por qué no doy un paseito normalito como todo el mundo?  lo cierto  es que la sensación se pasa pronto;  me quité las zapatillas de trekking,  bebí media botella de agua  y a dormir porque había sido otro día de palizón.

Al día siguiente comenzamos la visita en el Parque Nacional  Zion  , lo más destacado es el Cañón Zión, una hendidura de 24 km de longitud, la verdad es que es una maravilla,  pero a mi lo que más me gustó  o con lo que mejor me lo pasé fue  con los Bambis que hay por todas partes y que puedes tocar, jugar con ellos, darles de comer, en definitiva me encantaron.

Al día siguiente teníamos pensado ir a Monument Valley, pero al final cambiamos el itinerario y aunque hicimos más km  fuímos primero al Grand Canyon por evitar estar allí el fin de semana y porque habíamos mirado y había muy pocas horas libres para dar la vuelta en helicóptero, que era otras de las cosas que queríamos hacer, así que recogimos todo y sesión de coche camino al Gran Cañón. Paramos en un pueblecito a comer y otra vez más estábamos inmersos en una peli, había dos restaurantes, uno típico américano y una pizzería. Aparcamos en la puerta y en ese momento empezaron a llegar un montón de moteros con sus Harley Davidson, iban aparcando a nuestro lado y eran como siempre los había visto, enormes hombres, con los pañuelos americanos en las caras, las chaquetas de cuero, uff impresionante. Entramos a comer en el restaurante americano y ellos en la pizzería y cuando salimos por supuesto me puse a hacer fotos a las motos, al principio nos miraban y pensé que nos iban a decir algo porque sus caras no eran de tener muchos amigos, pero luego fue al contrario, acabamos hablando con ellos, recomendándonos rutas y restaurantes, pasamos un rato muy agradable con los hombres sobre dos ruedas.   Llegamos al Cañón por la tarde, y si hasta ahora habíamos creído que habíamos tenido regalos para nuestros ojos, aquello sí que lo era, ¡qué inmensidad!, la mirada no abarcaba, es realmente increíble. Esta escarpada garganta tiene unas dimensiones asombrosas: la amplitud oscila entre unos centenares de metros y veinticinco kilómetros, la profundidad máxima es de mil seiscientos metros y hay 446 km de distancia entre los extremos este y oeste del desfiladero. 
Paramos en varios miradores y a cada cual más bonito, por mucho que me lo había imaginado y lo había visto en fotos nunca pensé que me impresionaría tanto, es absolutamente increíble, desde luego para estar allí unos cuantos días y hacer rutas y más rutas. Esa noche dormimos en el hotel Red Feather Lodge y no veía el momento de que llegara el siguiente día para recorrer el Cañón desde el cielo, no había montado nunca en helicóptero, con lo cual, entre los nervios, la emoción y las ganas de que llegara ese momento no dormí mucho. Al amanecer ya estábamos en el parque para ver como salía el sol por esos parajes y sin duda fue increíble, y de ahí al helicóptero con la agencia Papillón. No puedo expresar la sensación cuando la piloto  despegó y dijo “chicos empezad a disfrutar, no os perdáis ni un segundo porque los 35 minutos pasan muy rápido” y desde luego que fue así, la sensación del ascenso fue fantástica, no me daba nada de miedo,  recuerdo cuando en uno de los giros me dijo la chica,” cuidado ahora que los giros impresionan”, la verdad me impresionó pero para bien, me encantó, me fascinó, desde ese momento siempre que puedo hacer alguna ruta en helicóptero la hago, ves el mundo desde una perspectiva diferente y eso me fascina.

Seguimos esa tarde admirando los preciosos sitios que nos quedaban por visitar  del Cañón, sin saber los maravillosos momentos que nos quedaban por vivir esa tarde y al día siguiente de la mano de Maphiua . Cenamos algo en el hotel y a dormir porque al día siguiente había que madrugar. Nos levantamos temprano y nos fuímos hacia Monument Valley (el día en este precioso Parque está contado en el post ( “Maphiua y su valle de las rocas“) .
Salimos del parque y nos fuímos a ver el Lago Powell, estos días hicimos más km de los pensados en un principio pero el hecho de haber cambiado el itinerario por el tema del helicóptero en el Gran Cañón nos descabaló un poco las previsiones, aunque después de lo vivido mereció tanto la pena que me hubiera dado igual haber tenido que hacer 300 km más.

Y de ahí a las Vegas, aunque no era un sitio que despertara mucho mi interés como íbamos a pasar por la ciudad, decidimos quedarnos un día y así aprovechar a ver uno de esos musicales tan maravilloso que se representan allí. La Vegas es un parque temático para adultos, me parecía increíble como la gente metía las tarjetas que habían rellenado con 6.000 dólares y se los gastaban en las máquinas “tragaperras” en un pis pas. Llegamos muy tarde y nos alojamos en el hotel Paris, precioso hotel, lujazo total y por un precio estupendo que puedes conseguir en Viajemos.com ( si habéis llegado en transporte público y  necesitáis un coche para moveros con mayor comodidad por la ciudad y alrededores podéis consultar en Miles Car Rental que ofrece buenas tarifas). La decoración del hotel está muy lograda, evoca los diferentes barrios de NY e incluso están los sumideros echando vapor cerca de los ascensores, picamos algo y  reservamos entradas para ver el Fantasma de la Opera en el hotel Venetian para la noche siguiente, y también habitación en ese mismo hotel. Al día siguiente estuvimos dando una vuelta por la ciudad, viendo lugares curiosos como el fantástico restaurante Kokomo´s ubicado en medio de una selva tropical en el interior del hotel Mirage, las fuentes del hotel Bellagio que es un auténtico juego de agua con música de opera o canciones como Cantando bajo la lluvia,  con un calor extremadamente horroroso, nos acercamos al  Fashion Outlets Las Vegas,   y fuimos a ver el musical, sin duda el mejor que he visto. El teatro está ambientado como si fuera parte de la obra, con lo cual los palcos estaban llenos de maniquíes vestidos de época, estábamos justo debajo de la gran lámpara y no quiero recordar el susto que me llevé cuando en mitad de la obra la lámpara empezó a deslizarse   bastante rápido y el actor que hace de fantasma colgado en ella, fue increíble, el chico que estaba a mi lado y yo nos llevamos un susto que todavía la gente de nuestro alrededor debe de recordar.

Fuimos a cenar, recorrimos El Strip que equivale a dar la vuelta al mundo en línea recta, ya que están todos los hoteles temáticos, y después  nos acercamos a la calle Fremont street para ver esas luces, sonidos, etc. y la verdad es que impresiona; llegamos al  hotel, y  pensé “mira que estar en las Vegas y no jugar a nada” así que busqué una preciosa mesa con la idea de hacer una pequeña apuesta tirando los dados y me dijeron “apuesta mínima 500 dólares” mi cara tuvo que ser un poema, el chico se empezó a reír y me dijo “mira en aquellas mesas las apuestas son de 5 dólares” así que miré, la mesa no me gustó nada y le dije “ah, nooo,  si lo hago lo hago con glamour y como no me voy a gastar 500 dólares en esto, pues me voy de Las Vegas sin jugar”  y así lo hice,  debo de reconocer que pese a que me lo pasé bien y me encantó el musical, la ciudad no me gustó, y es un sitio que salvo  por algo excepcional no volvería.
Al día siguiente, madrugamos y nos fuímos hacia Los Ángeles, paramos en la Reserva Mojave, nos desviamos por Palm Springs y a dormir al mismo motel donde habíamos estado el primer día ya que al día siguiente muy temprano había que volver a Madrid, después de haber vivido uno de los viajes que más me han gustado de todos lo que he realizado.

 

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