Bután, El país de la felicidad (Primera etapa)

Por tener una belleza natural inmaculada y un paisaje espectacular, el país del Dragón del Trueno ha aprovechado su situación geográfica sosteniendo una política de aislamiento estricto, tanto en el plano cultural como en el económico, con el objetivo último de proteger y preservar su herencia cultural y su independencia, conservando aspectos de su cultura que se remontan a mediados del siglo XVII.  Hace relativamente pocos años que se permite a los extranjeros visitar el país, de hecho los primeros fueron en el 1974, y hoy en día sigue habiendo restricciones a la entrada de los turistas. .

El pequeño país budista, fascinante y desconocido para muchos, se encuentra en la cordillera del Himalaya. La política es preservar el medio ambiente, su cultura, los efectos nocivos de la industrialización y el turismo de masas, pero actualmente se está abriendo un poco al mundo por lo que las fuertes tradiciones conviven con ciencia y técnica de la vida moderna, para quien no lo sepa  la televisión e internet llegaron al país en el año 1999. Su riqueza cultural, la espiritualidad, la cercanía y amabilidad de sus gentes, la sencillez con que viven sus vidas en sintonía con la naturaleza, es sin duda lo que quieren preservar. 

El país de la felicidad ha sido descrito de muchas formas, pero la que más me gusta es la de una conocida revista de viajes,  cuando dice que:

BUTÁN NO PARECE UN CUENTO DE HADAS, SINO EL LUGAR DEL QUE PROCEDEN LOS CUENTOS DE HADAS 

El aeropuerto internacional de Paro,  tiene conexiones con varias ciudades asiáticas, yo volé desde  Delhi, y puedo decir que el trayecto es uno de los más espectaculares que he visto nunca. Se sobrevuelan varias cimas de las más altas del mundo y si tenéis suerte y hace buen tiempo, podréis empezar a realizar maravillosas fotografías ya que disfrutareis de magníficas vistas sobre los montes Everest, Makalu, Lhotse, etc. Es importante elegir bien los asientos, de Delhi a Paro los buenos asientos son los de las letras A y B y a la vuelta los de las letras E y F.
Cuando el avión se va acercando a la pista de aterrizaje, ya se ve que es un país lleno de montañas y bosques, y que desde luego aterrizar no es fácil, está catalogado por Travel & Leisure como uno de los aeropuertos más difíciles y peligrosos del mundo, de hecho sólo hay ocho pilotos certificados para poder realizar esos trayectos.

En el propio aeropuerto ya se puede contemplar la homogeneidad de la arquitectura butanesa que lo podréis ir viendo según avanzais por aldeas, pueblos o ciudades. Las fachadas con pinturas budistas, las ventanas con arcos, la madera policromada, los tejados a dos aguas, etc., destacan como principales elementos comunes tanto de las casas de los lugareños como de la arquitectura civil. 

Pese a que había leído mucho sobre Bután (El país del Dragón del Trueno) y conocía su historia, costumbres etc., no dejas de sorprenderte cuando ves a todas las personas vestidas con los trajes típicos del país; los hombres visten  el Gho y las mujeres la Kyra; existe un Código de indumentaria nacional, según el cual,  los butaneses han de llevar sus vestimentas tradicionales en los lugares públicos. El Gho, es una túnica atada a la cintura y que les llega hasta las rodillas. El Kyra es un vestido que llega hasta los tobillos y que se lleva sobre una blusa. Sobre la kira se lleva una falda más corta llamada toego. Los hay de diferentes tejidos, para el día a día suelen ser de lana o algodón, y para las fiestas suelen ser de seda, aunque los tejidos y los colores también pueden marcar diferencias sociales. Además, existen reglas adicionales de protocolo que se  pueden ver si se visita por  ejemplo un templo, aquí  los hombres comunes llevan un sash blanco (una especie de pañuelo) denominado kabney, desde su hombro izquierdo hasta la cadera derecha y los hombres del gobierno lo llevan de colores. Las mujeres llevan un trozo de lienzo con bordados sobre su hombro izquierdo, denominado rachu. 

Pese a que en 1989 se impuso la obligatoriedad del uniforme butanés todos los días, so pena de cuantiosas multas, las normas se han relajado y me comentaron que ahora es más frecuente ver a los jóvenes con vaqueros y camisas al estilo occidental. Yo a verdad es que ví muy pocos y los pocos  fue curioso porque les vi al caer la noche cuando ya estaban relajados y salían a tomar algo con los amigos. Y aunque es cierto que nos contaban que la obligatoriedad se había relajado, había que  seguir llevando las prendas tradicionales en oficinas del Gobierno, colegios, monasterios y fiestas. 
Yo reconozco que más de una vez no pude parar de imaginar si en Madrid todos fuéramos vestidos de chulapos o en Andalucía todo el mundo fuera vestido con los trajes de faralaes… 

Comenzamos las visitas de Paro , ciudad que se extiende junto al río Pa Chhu, que significa “río sin peces”. En su calle principal se encuentra un complejo de arquitectura tradicional con edificios decorados que albergan pequeñas tiendas y restaurantes. Os recomiendo que no sólo paséis  por esta calle,  sino que vayais a la parte de atrás  donde encontrareis escenas de un país totalmente diferente,. Al caer la tarde podréis ver a jóvenes ya en vaqueros con sus cervezas y cigarros en mano pese a que en el país está prohibido la venta de tabaco. Y por supuesto también veréis aunque eso será en cualquier lugar menos en el cine, lo que les gusta a los bhutaneses masticar doma. Es una mezcla de nueces de areca, hojas de areca y lima que impregna sus bocas (y muchas partes de las calles) de color rojo.

Nos acercamos al  Templo Dungtse construido en al borde de una colina. Es un templo único ya que está construido en forma de estupa budista , cuya finalidad era inmovilizar a los espíritus malignos y proclamar la victoria del budismo. El templo consta de tres pisos que corresponden a los diferentes niveles de iniciación, el cielo, la tierra y el infierno y contiene una gran colección de pinturas budistas e iconografía. Pese a la poca luz interior que hay en el interior del templo, ya se pueden observar las magníficas pinturas que decoran las paredes, son una auténtica preciosidad, la pena es que no dejan fotografiarlas. 

Aquí ya nos encontramos una imagen que nos acompañará a lo largo de todo el itinerario, las filas de coloridos banderines  ondeando en las laderas de las montañas, tejados, pagodas moviéndose al compás del viento. Pero para los bhutaneses esto son más que meros banderines, son banderas de plegarias, que se cuelgan en hileras cuanto más alto, mejor. Con el tiempo, estas banderas pierden su color al estar expuestas a la climatología, pero los mantras que ondean al viento no pierden su valor, nos recuerdan que el tiempo es efímero y no perdona El viento hace ondear las telas, bendiciendo todo a su alrededor. Existen banderas de cinco colores distintos, que representan los cinco elementos del budismo. Así, el azul representa el cielo; el blanco, el agua; el rojo, el fuego; el verde, el aire; y el amarillo, la tierra. En cada una de ellas, se encuentra simbolizado el ‘caballo de viento’ cargado con las tres joyas del budismo: una por Buda, otra por el Dharma (enseñanzas budistas) y otra por el Sangha (la comunidad budista). Alrededor de este caballo, se graban unos mantras dedicados a cada deidad.

Salimos con dirección a Thimphu, capital de Bután, paramos en el famoso Templo Tamchlong Lhakhang, templo privado pero muy famoso por su puente de hierro, cuyas cadenas son del siglo XV. Para acceder al templo puedes pasar por el famoso puente, pasando un poco de mieditis pero claro, había que hacerlo, o bien, acceder por un puente de madera que se ha creado al lado. El puente  se mueve bastante y si encima vas en zapatillas de playa como era mi caso, ya que las de trekking estaban en la mochila, pues peor todavía, ya que te clavas todos los hierros sueltos que hay muchos, y metes los pies en los grandes agujeros que hay, menos mal que es corto el trayecto, si no hubiera empezado el viaje cayéndome o haciéndome una herida.  Los templos en Buthán son bastante similares, sus paredes están todas forradas de telas pintadas que parecen auténticos frescos, además de varias figuras de budas en diferentes posiciones.
Para acceder al lugar sagrado, te tienes que descalzar y las personas budistas hacen tres reverencias a la imagen y luego da una donación como respeto al mismo.
Paramos en Chuzom, lugar donde convergen el río que viene de Paro (Pa Chu) y el que viene de la capital (Wong Chu), para observar tres estupas con diferentes estilos (nepalí, butanés y tibetano). Para muchos butaneses este lugar representa la unión de un río padre y madre, de ahí que existan las tres chortens (estupas), para alejar los maleficios de la zona.
La estupas son un monumento arquitectónico, convertidos en verdaderos lugares de peregrinación; dependiendo el país budista en el que nos encontremos se llamará de una manera u otra y estarán formadas por diferentes elementos. En Bután la mayoría están compuestas por una cúpula con punta cónica que descansa sobre una base de cinco peldaños, que cada uno simboliza los cinco elementos del mundo. Según sus características, las estupas se pueden clasificar en cuatro categorías, dependiendo su función (salvaguardar reliquias, exponer la doctrina budista, etc.). La decoración de estas también dependen del país budista donde estemos, en este caso, se suelen decorar con ojos pintados al igual que en Nepal.

La ciudad de Thimphu está formada por casas bajas pintadas de colores, muy poco tráfico (no hay semáforos en el país) y algunas tiendas que pese a que no hay mucha gente comprando tampoco ellos hacen ningún esfuerzo por vender. Existen pocos bares en la ciudad, alguna discoteca; cuestión curiosa es que puedes comprar una cerveza en un súper y tomártela en la calle pero no puedes fumar en un lugar público. Buthán es el único país del mundo donde la venta de tabaco está prohibida, aunque sobra decir que mucha gente fuma. Pese a que las multas para evitar la venta son severas y el hecho de fumar está absolutamente prohibido en los lugares públicos, todo el mundo sabe dónde comprar tabaco, de mejor o peor calidad, más barato o más caro, de hecho al llegar al aeropuerto una de las cosas que tienes que declarar es el tabaco y las tasas que cobran por pasarlo al país parece ser que son muy elevadas.
Tras la comida, nos dirigimos al Memorial Chorten. La comida en Bután tiene gran similitud con otros países asiáticos, comida basada en vegetales, arroz tanto blanco como rojo, encontramos platos sencillos tales como, el ema datse elaborado con brotes de chile cocinados con una base de queso que estaba buenísima. Utilizan mucho los tallarines, los noodles, sus famosos momos, que son pequeñas bolas de masa hervidas y rellenas de carne o queso y también el  gondomaru, huevos revueltos cocinados en mantequilla.  También por su gran influencia india está el thali, formado por arroz, verduras o encurtidos. Son famosos los platos combinados de carne y verduras tales como el noshahuentsu, que incluye cerdo y espinacas, el phagshaphintshom, con cerdo y tallarines de arroz, o el bjashamaru,  pollo en salsa de ajo y mantequilla. Como platos de  legumbres,  daal-baat, arroz con lentejas y  el tsampa harina de cebada  con sal y mantequilla.

El Memorial Chorten,  es una estupa construida en  memoria del tercer rey de Bután y donde nos encontramos a muchos butaneses rezando y a otros donde simplemente van a sentarse y pasar un rato agradable. A la entrada a la izquierda están los molinos de oración,  habituales en cualquier templo budista y que ya hemos visto en tantas ocasiones, son unos cilindros que llevan el mantra bien inscrito por fuera, bien dentro en tiras de papel, los budistas creen que el molino, al girar, esparce la compasión por el mundo de forma equivalente a cuando se recita el mantra. El hecho de que sea un artilugio que gire no es por casualidad. La circunvalación es una práctica religiosa  antigua, los peregrinos dan vueltas alrededor de ciudades, montañas o templos, siempre en el sentido de las agujas del reloj, al tiempo que recitan sus mantras o hacen girar, a su vez, sus pequeños molinos, en lo que viene a ser una reproducción de este movimiento circular.

Aquí nos encontramos a numerosas personas girando alrededor de la estupa y pese a que ya lo había visto  en otros templos, aquí parecían sacados de una peli de ciencia ficción, todos muy muy serios, con caras apagadas, expresiones muy forzadas, no se , la sensación me estremeció; tras  estar un tiempo observando a la gente, ratifiqué lo que ya había observado con anterioridad y es que para ser el país de la felicidad las personas no sonreían nada y no se les veía muy felices, cosa que me sorprendió bastante y por qué no decirlo, me decepcionó, ya que siempre había leído que la felicidad es un concepto básico en Bután.


En su Constitución se establece que la Felicidad Nacional Bruta es más importante que el Producto Interior Bruto. La felicidad es una cuestión de estado y no es una simple campaña de promoción o una expresión de principios sin fundamento.  Para ello el gobierno butanés mide unos indicadores tales como, bienestar psicológico, salud, educación, buen gobierno, vitalidad de la comunidad y diversidad ecológica, y cuál fue mi sorpresa que según iban pasando los días, y hablaba con diferentes personas  observando sus formas de vida, me daba cuenta y así lo dicen algunos de sus estudios,  que la mayoría de los bhutaneses no son felices de acuerdo a los factores antes reseñados, y eso se refleja en sus miradas, pero sí es cierto que es el único país que mide la felicidad de sus habitantes. 

Visitamos el conocido Tashichoedzong,  que alberga la mayor parte de las oficinas del Gobierno,  la sala del trono del rey, la antigua Asamblea Nacional, cuyo techo es una alegoría de Buda y los seis primeros santos que alcanzaron el nirvana.  La estructura principal del edificio es blanca y de dos pisos con torres de tres pisos en cada una de las cuatro esquinas que están rematadas por techos de pan de oro. El templo  impresiona por los grandes molinos de oración, sus pinturas religiosas, sus mandalas, las vigas decoradas con colores, los techos dorados, sus grandes patios, etc. Me encantan esos relieves simbólicos, decoraciones míticas y pinturas de mandalas cósmicas. Dentro de la fortaleza no hay problemas en cuenta a las fotos se refiere, pero en el templo como tal no es posible realizarlas, la verdad una pena, porque además de contener unas pinturas preciosas, hay escenas dignas de inmortalizar por unos u otros motivos y desde luego no siempre religiosos.

A la salida de la ciudad hay un moderno centro comercial donde se encuentra la única escalera mecánica del país, con lo cual es una atracción para sus habitantes. En Thimphu también visitamos el Instituto público Zorig Chosum, que significa «Los trece artes y oficios de Bután« donde se pueden aprender sobre las diferentes artes tradicionales. Existen distintos talleres de pintura, costura, tratamiento de la madera, etc. donde se pueden aprender sus costumbres y conseguir maravillosas capturas de los muchachos que muy amablemente te regalan sus sonrisas

El arte butanés es bastante similar al arte tibetano, ya que en ambos casos se basan el Budismo y sus profesores y seres divinos. Las artes y sus artesanías, representan el espíritu y la identidad del reino del Himalaya. 

2 Comentarios

    • Gema de los Reyes Contestar

      Mil gracias guapísima, lo que es un placer es tenerte entre mis fotos y ahora aquí. Feliz noche. Besazos

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